• El golpe de estado daña la libertad de prensa; revela la división partidaria de los medios.
• Partidarios de ambos sectores del conflicto perpetran ataques contra la prensa.
Estadística Clave
22: Los días que Radio Globo y Canal 36 dejaron de transmitir debido a la censura del gobierno.
El golpe de estado de junio que derrocó al Presidente Manuel Zelaya, junto con el severo conflicto que siguió, afectó la libertad de prensa en Honduras y amplió las divisiones partidarias en los medios. El gobierno interino arremetió contra la cobertura informativa y soportó una intensa presión internacional hasta que la elección de noviembre llevó a Porfirio “Pepe” Lobo, un empresario conservador, a la presidencia. Mientras Lobo prometió reconciliación, Zelaya describió la votación como viciada.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
• Argentina
• Brasil
• Colombia
• Cuba
• Ecuador
• Honduras
• México
• Nicaragua
• Estados Unidos
• Venezuela
• En un Vistazo
La elección dividió a la
comunidad regional e internacional. Estados Unidos, que inicialmente buscó
revertir el golpe, finalmente respaldó la votación como creíble, al igual que
otros países. Venezuela, cuyo presidente, Hugo Chávez, defendió enérgicamente a
Zelaya, se negó a reconocer la elección, uniéndose a otros países como Brasil y
Argentina que cuestionaron la legitimidad de la votación. Observadores
electorales internacionales se negaron a monitorear los comicios,
señaló The Washington Post, debido al
conflicto político e irregularidades como el silenciamiento de los medios a
favor de Zelaya.
La crisis política comenzó
el 28 de junio cuando Zelaya –quien intentaba aprobar una polémica propuesta
para eliminar los límites al mandato presidencial– fue arrestado por el
ejército y colocado en un avión con destino a Costa Rica. Cuando Micheletti, un
veterano líder del Congreso, juró como presidente interino, las fuerzas de
seguridad cerraron emisoras locales, bloquearon la transmisión de cadenas internacionales
y detuvieron a reporteros por un breve lapso, según la investigación del CPJ.
Un día después del golpe, militares
armados arrestaron a cinco corresponsales y a dos trabajadores que los asistían
dentro de su hotel en la capital, Tegucigalpa. Adriana Sívori, reportera de la cadena
Telesur, que pertenece en parte al estado venezolano, su productora María José
Díaz y su camarógrafo Larry Sánchez fueron detenidos, junto con Nicolás García
y Esteban Felix, video-periodista y fotógrafo que trabajaban para The
Associated Press, y sus dos asistentes no identificados. Todos ellos fueron
liberados poco después, según entrevistas del CPJ. Las transmisiones en
televisión por cable fueron bloqueadas de modo intermitente durante las 48 horas
posteriores al golpe, interrumpiendo la cobertura de CNN y Telesur. Al usar
fuerzas de seguridad para restringir la cobertura noticiosa inmediatamente
después del golpe, el gobierno de facto creó un vacío informativo que impidió a
muchos hondureños saber qué ocurría en su propio país.
Las condiciones de
libertad de prensa sufrieron más embates cuando partidarios de ambos sectores atacaron
a los medios. El gobierno interino apuntó contra los medios a favor de Zelaya: la
emisora de privada Radio Globo y el Canal 36 de televisión, ambas críticos del
gobierno de facto, fueron forzados a salir del aire varias veces. La
interrupción más prolongada comenzó el 28 de septiembre, cuando las fuerzas de
seguridad allanaron sus oficinas y confiscaron equipos. Los dos medios fueron sacados
del aire según disposiciones de un decreto gubernamental anunciado ese mismo
día. El decreto, que suspendió las libertades civiles garantizadas en la constitución,
apuntó a desactivar la concurrencia masiva de partidarios de Zelaya para una
concentración planeada ese día en Tegucigalpa, pero también se usó para
justificar los allanamientos a los medios. El Artículo 4 del decreto autorizaba
a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones a suspender a cualquier medio que “atente contra la paz y
el orden público”, o que emitan publicaciones que “ofendan la dignidad humana,
a los funcionarios públicos, o atenten contra la ley”. Ambos medios retomaron
sus transmisiones a partir del 20 de octubre.
Los periodistas que
trabajaban para los medios tradicionales, en su mayoría alineados con el
gobierno interino, también denunciaron acoso y ataques. En agosto, atacantes no
identificados arrojaron con violencia al menos tres explosivos de fabricación
casera contra las oficinas de El Heraldo,
un matutino nacional de Tegucigalpa considerado partidario de Micheletti, según
informes de prensa. Los explosivos estallaron cerca de la entrada principal del
periódico y causaron solo daños menores sin registrarse heridos. Rosángela
Soto, reportera y conductora de Televicentro, un grupo de medios partidario de
Micheletti, indicó al CPJ que sus colegas habían sido golpeados y amenazados
por partidarios de Zelaya, que les impidieron cubrir manifestaciones en apoyo
al presidente depuesto. El 4 de
noviembre, asaltantes arrojaron explosivos contra las oficinas de Radio
HRN en Tegucigalpa, una emisora considerada partidaria del gobierno interino. Dos empleados de
HRN resultaron heridos.
Reporteros y defensores de
la libertad de prensa hondureños indicaron que durante el tenso enfrentamiento político
la mayoría de las televisoras cubrieron protestas a favor de Micheletti, mientras
ignoraban otras en apoyo a Zelaya. La información en las radios, excepto unas
pocas emisoras partidarias de Zelaya, fue más equilibrada, pero aún así se
inclinó a favor del gobierno interino.
Arturo Wallace Salinas,
quien cubre América Central para la BBC, dijo al CPJ que el desempeño de los
medios hondureños “se asemejó a lo sucedido en Venezuela [en 2002], ignorando
los hechos o solamente transmitiendo las opiniones de los nuevos funcionarios”.
Cuando en Venezuela, Chávez fue depuesto por un breve lapso en 2002, conocidas emisoras
fueron ampliamente acusadas de sesgar la información a favor de los líderes del
golpe (Chávez también los acusó de tramar el golpe, una afirmación que negaron).
Alexis Quiroz, director
ejecutivo del Comité para la Libertad de Expresión (C-Libre), un grupo
hondureño de libertad de prensa, explicó que la cobertura sesgada quedó en
evidencia durante el primer e infructuoso intento de Zelaya por regresar a
Honduras. Luego de que el ejército hondureño bloqueara la pista de aterrizaje
del aeropuerto para impedir la llegada del vuelo de Zelaya, soldados abrieron
fuego contra seguidores del presidente depuesto, dejando al menos dos muertos y
decenas de heridos. La mayoría de las televisoras, afirmó Quiroz, ignoraron la
noticia y transmitieron, en cambio, un evento oficial del gobierno interino.
En agosto, Zelaya acusó a
varios propietarios de medios de planear el golpe. Nombró a dos ex presidentes
–Carlos Roberto Flores Facussé, dueño del matutino La Tribuna, y Ricardo Maduro, director en la emisora Radio Cadena
Voces– junto con José Rafael Ferrari,
dueño de los grupos Televicentro y Emisoras Unidas, y Jorge Canahuati Llarach,
director de los matutinos El Heraldo y La Prensa. Sin embargo, Zelaya no
brindó evidencia de ninguna participación directa en la toma del poder.
Las tensiones siguieron en
aumento luego de que de Zelaya regresara en secreto desde el exilio el 21 de
septiembre y buscara refugio en la Embajada de Brasil. El regreso de Zelaya
creó una situación de tenso nerviosismo cuando reclamó volver a la presidencia
y Micheletti amenazó con arrestarlo si ponía un pie fuera de la embajada. Luego
de intensas negociaciones internacionales, el gobierno interino acordó
permitirle a Zelaya regresar a su cargo después de la elección de noviembre de
modo que pudiese cumplir los dos meses restantes de su mandato. Según el
acuerdo, el voto presidencial sería reconocido por ambas partes, y ni Zelaya ni
Micheletti serían candidatos. Pero el acuerdo pronto se desmoronó: Zelaya instó
a sus seguidores a que boicoteen la elección, y posteriormente adujo que hubo
fraude en la votación. El Congreso, a su vez, votó en diciembre por bloquear la
restitución de Zelaya.
La disputa política se vio
reflejada en la publicidad en los medios locales. Como parte de una campaña que
intentaba dañar la reputación de Zelaya, el gobierno interino produjo una
cantidad de avisos televisivos que alegaban que el presidente depuesto se habría
robado millones del Banco Central. Por otra parte, observaron los analistas, Zelaya
persuadió a medios aliados como Radio Globo y Canal 36 de que transmitieran sus
declaraciones inusuales e infundadas en el sentido de que se había contratado
a comandos israelíes para asesinarlo.
Dos reporteros murieron en
circunstancias confusas. Rafael Munguía Ortiz, corresponsal de Radio Cadena
Voces, fue abatido a tiros en marzo desde un vehículo en movimiento en la
ciudad noroccidental de San Pedro Sula, según relataron informes de prensa. En
julio, un atacante no identificado disparó contra el reportero Gabriel Fino
Noriega cuando salía de radio Estelar en la ciudad norteña de San Juan Pueblo,
la policía indicó al CPJ. No se registraron arrestos en ninguno de los dos
casos. El CPJ estaba investigando las muertes para determinar si tuvieron relación
con la labor informativa de los periodistas.

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