• El organismo regulador le quita las licencias a las emisoras críticas.
• El gobierno emprende investigaciones politizadas contra Globovisión.
Estadística Clave
34: Las emisoras de radio y televisión privadas que fueron sacadas del aire.
Luego de obtener una importante victoria en el referéndum de febrero que le abrió las puertas para la reelección indefinida, el Presidente Hugo Chávez Frías y su gobierno intensificaron su embestida de años contra los medios privados. El organismo que regula las frecuencias del espectro radioeléctrico adoptó medidas sin precedentes en su ataque contra los medios audiovisuales críticos. Decisiones arbitrarias les quitaron las concesiones a emisoras de radio privadas, al tiempo que una serie de investigaciones amenazó con clausurar a la última estación de televisión crítica de Venezuela, Globovisión. En el interior del país, un duro crítico del gobierno fue encarcelado, mientras que un reportero de investigación fue asesinado en directa represalia por su labor informativa.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
• Argentina
• Brasil
• Colombia
• Cuba
• Ecuador
• Honduras
• México
• Nicaragua
• Estados Unidos
• Venezuela
• En un Vistazo
Considerada por Chávez
como un instrumento de la oligarquía involucrada en “terrorismo mediático”,
Globovisión fue blanco de una ráfaga de investigaciones. En septiembre, la
Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) le inició un proceso
administrativo luego de acusar a la televisora de incitar a la rebelión por
transmitir un mensaje de texto de un telespectador que llamaba a un golpe de
estado. En julio, la CONATEL inició una investigación sobre acusaciones de que
Globovisión estaba transmitiendo mensajes que podían crear “angustia, ansiedad
y temor”. El canal había dirigido una campaña publicitaria defendiendo la
propiedad privada (en un momento en el cual el gobierno estaba nacionalizando
las industrias más importantes, incluyendo telecomunicaciones, electricidad y
cierta producción de alimentos). Sin embargo, otra investigación fue iniciada
en mayo, por acusaciones de “incitar al pánico y a la ansiedad en la
población,” luego de que Globovisión informara sobre un terremoto que sacudió a
Caracas. Durante la transmisión, el Director General de Globovisión, Alberto
Federico Ravell, instó a los telespectadores a que permanecieran en calma y culpó
a las autoridades de fracaso en informar a los venezolanos de un modo oportuno,
según informes de prensa internacionales. La emisora, conocida por sus
estridentes opiniones antigubernamentales, también tenía dos investigaciones en
curso desde 2008. Una sanción en cualquiera de los dos casos podría significar
una suspensión de hasta 72 horas, mientras que una segunda sanción podría
resultar en la revocación de la licencia.
El gobierno amenazó con
tomar otras medidas. En junio, justo horas después de que Chávez solicitara a
Globovisión que cesara su cobertura crítica si no quería enfrentar su clausura,
la CONATEL solicitó a la Fiscalía General que investigara si la emisora privada
era responsable penalmente por las violaciones a la ley de telecomunicaciones.
El CPJ lo describió como una “seria escalada” en la campaña de intimidación
contra los medios. Ninguna investigación penal se había iniciado hacia
fines de año.
Globovisión fue también
víctima de un violento ataque en agosto, cuando un grupo de más de 30
individuos armados en motocicletas irrumpieron en sus oficinas de Caracas,
arrojaron cartuchos con gas lacrimógeno e hirieron a un oficial de la policía
local y a dos empleados. Conforme a una cinta de video difundida más tarde por el canal, los
asaltantes eran miembros del partido político Unión Patriótica Venezolana (UPV),
aliado del Presidente Chávez. Lina Ron, líder de UPV, fue arrestada unos días
más tarde por las autoridades y acusada de “conspirar para cometer un delito”,
según una declaración del Ministro del Interior y Justicia Tarek El Aissami.
Ron fue liberada en octubre, pero todavía el proceso judicial se encontraba
pendiente de resolución hacia fines de año.
CONATEL utilizó la
regulación de las licencias de radiodifusión como un pretexto para silenciar
voces independientes y críticas y sacó del aire 32 estaciones privadas de radio
y televisión a principios de agosto. Las emisoras, según CONATEL, no habían
actualizado sus registros de inscripción para un plazo fijado en junio. Según el
ente regulador, las emisoras operaban de modo ilegal porque sus licencias
habían sido otorgadas a “personas físicas”, mientras que la Ley de
Telecomunicaciones del año 2000 requería que fuesen entregadas a “entidades con
personería jurídica”. Las emisoras apelaron la decisión y muchas presentaron
evidencia de que habían presentado los documentos para conformarse al cambio. Aún
continuaban fuera del aire hacia fines de año.
El organismo regulador había
amenazado anteriormente con revocar las licencias de 154 emisoras FM y 86
emisoras AM. En una carta de julio, el CPJ instó al Ministro de Obras Públicas
y Vivienda Diosdado Cabello a que asegurara que la entrega de licencias de
radiodifusión fuera realizada de un modo imparcial y transparente.
El gobierno de Chávez actuó de modo agresivo para coartar
la libertad de los medios a través de legislación restrictiva. En julio, la
Fiscal General Luisa Ortega Díaz presentó un proyecto de ley que castigaría los
“delitos mediáticos” con penas de prisión. El objetivo, afirmó Ortega, era enfrentar las “nuevas formas de criminalidad surgidas como consecuencia del
ejercicio abusivo de la libertad de información y opinión.” La iniciativa
definía “los delitos mediáticos” como acciones que “atenten contra la paz social, la seguridad e independencia de la nación, la
estabilidad de las instituciones del Estado, la salud mental o moral pública,
que generen sensación de impunidad”. La medida
expresaba muy vagamente que “impediría y castigaría las acciones u omisiones
exhibidas a través de los medios que constituyeran un delito” y que sancionaría
“toda persona que divulgue a través de un
medio, noticias falsas que ocasionen una grave alteración a la tranquilidad
pública, pánico en la población, que haya alterado el orden público o producido
un perjuicio a los intereses del Estado”. Luego
de una airada protesta internacional, el proyecto de ley fue archivado por la
Asamblea Nacional en agosto. En enero de 2005, la Asamblea Nacional ya había
aumentado drásticamente las sanciones penales por difamación al tiempo que
extendía el número de funcionarios públicos protegidos por las cláusulas de
difamación.
La Asamblea Nacional
aprobó un proyecto de ley de educación con disposiciones que prohibían la
distribución de material que pudiese incitar “odio, agresividad”, “rebeldía” o
causar “terror en niños.” Luego de la aprobación del proyecto el 13 de agosto,
una docena de periodistas de los matutinos de Caracas Últimas
Noticias, El Mundo y Radio Líder—propiedad del
conglomerado privado de medios Cadena Capriles—organizó una protesta en la calle
contra el proyecto que, según ellos, impedía el ejercicio de la libertad de
expresión. Esa misma tarde recibieron golpes de puño y puntapiés de individuos
que los periodistas identificaron como empleados estatales que los acusaban de
ser “oligarcas” y “enemigos del pueblo”, según las entrevistas del CPJ. Nadie
resultó con heridas de gravedad, pero el episodio siguió en el centro de la
atención pública cuando Chávez acusó a reporteros de Cadena Capriles de
provocar el ataque. El 15 de agosto, las autoridades arrestaron a Gabriel
Uzcátegui, empleado de la emisora estatal Ávila TV, en relación al ataque. La
emisora negó su participación y cuestionó la veracidad de las víctimas
denunciadas. Hacia fines de año no se habían formulado cargos contra Uzcátegui.
Los periodistas que
cubrieron protestas fueron hostigados y atacados de modo sistemático. En enero,
los manifestantes golpearon a Rafael Garanton, fotógrafo del matutino El Carabobeño, en la provincia de
Carabobo, cuando cubría una manifestación estudiantil que protestaba por la
inseguridad en las calles, según informó el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS).
El periodista, cuya cámara fue robada por manifestantes, fue llevado al
hospital con heridas menores. El IPYS documentó otros casos: José Gonzáles,
fotógrafo del matutino El Mundo Oriental,
fue atacado en febrero por miembros de la Guardia Nacional de Venezuela
mientras fotografiaba una protesta de conductores de transporte público en
Anzoátegui. En abril, un fotoperiodista del matutino Pico Bolívar, Héctor Molina, fue amenazado por manifestantes
encapuchados cuando cubría una manifestación estudiantil. En julio, oficiales
de la Guardia Nacional retuvieron a Zulia López y Jesús Molina, reportera y
camarógrafo de la emisora RCTV
Internacional, y a Thais Jaimez, periodista del matutino Panorama, luego de que intentaran
cubrir una manifestación de obreros de la construcción en la provincia de
Táchira.
En julio, un juez de
Táchira ordenó el arresto de Gustavo Azócar, ex corresponsal del matutino
nacional El Universal, conductor de
televisión y bloguero y duro crítico de Chávez. El juez dictaminó que Azócar,
acusado de fraude en un caso que llevaba años y estaba relacionado con un
contrato de publicidad, había violado una orden anterior de no hacer
comentarios públicos sobre el caso. Azócar indicó al CPJ que hizo públicas en
su blog algunas notas de otros medios sobre el caso, pero que él particularmente
no había escrito nada sobre el tema. El abogado de Azócar y sus colegas señalaron al CPJ que el
periodista estaba siendo injustamente castigado por sus críticas sobre los
funcionarios del gobierno local.
Una escalada en la
violencia general causó alarma, especialmente en el interior del país. En
enero, individuos no identificados dispararon e hirieron a Rafael Finol, el
director de noticias políticas del matutino El
Regional, fuera de las oficinas del periódico en Acarigua, al sudoeste del
país. El periodista señaló al CPJ que creía que el ataque era en represalia por
la labor informativa política del periódico, que respalda al gobierno de
Chávez. Finol afirmó al CPJ que los investigadores creían que eran asesinos a
sueldo quienes habían estado involucrados en el ataque.
Durante el mismo mes, un
individuo no identificado disparó y mató a Orel Sambrano, director del
semanario político local ABC de la Semana
y Radio América, en la ciudad occidental de Valencia. Sambrano, de 62 años, era
conocido por sus investigaciones y comentarios sobre política local. Sus
colegas explicaron al CPJ que Sambrano había publicado recientemente una serie
de notas de investigación sobre la familia del empresario local Walid Makled.
Informes de prensa indicaron que Sambrano también había mencionado a Rafael
Segundo Pérez, sargento de la policía de Carabobo, como uno de los 13 policías
con vinculaciones al clan Makled. El 13 de febrero, las autoridades arrestaron
a Pérez y lo acusaron de trabajar como asesino a sueldo y de conspirar para
cometer un crimen. Informes de prensa locales señalaron que las autoridades
también emitieron una orden de arresto contra Makled, cuya familia negó las
acusaciones. Se cree que Makled abandonó el país, según la prensa. La violencia
letal contra la prensa es poco frecuente en Venezuela, según el CPJ. Cinco periodistas, incluyendo
Sambrano, cayeron en cumplimiento de su labor desde 1992.
Rafael Poleo, director de
noticias y editor del matutino El Nuevo
País y de la revista de noticias Zeta,
uno de los críticos más estridentes del gobierno de Venezuela, huyó del país en
septiembre luego de que fuera citado por las autoridades con motivo de su
aparición en un programa de Globovisión en 2008. Durante esa aparición, Poleo afirmó
que “Chávez podría terminar como Mussolini”. Poleo, quien se encuentra exiliado
en Miami, sostuvo que el gobierno está buscando encarcelarlo como parte de su
campaña contra los opositores, según informes de la prensa local.

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