• Periodistas locales enfrentan amenazas de todos los actores del conflicto armado.
• Condenas obtenidas en el asesinato de un periodista; progreso en otros casos.
Estadística Clave
2003: Año en el cual la agencia nacional de inteligencia comenzó a espiar a periodistas y a otros críticos.
La tensa relación entre el gobierno y la prensa independiente de Bogotá empeoró luego de que los medios de prensa revelaran que la agencia nacional de inteligencia espiaba a sectores críticos, incluyendo a periodistas. La prensa siguió atrapada en medio del conflicto armado, en tanto algunos funcionarios formularon fuertes acusaciones y grupos paramilitares de extrema derecha y guerrilleros de izquierda aterrorizaron a los periodistas del interior del país. En un importante paso en la lucha contra la impunidad, un tribunal condenó a los autores intelectuales del asesinato de un periodista en 2003. Si bien la investigación del CPJ ha mostrado una reducción gradual en el número de periodistas caídos por su labor en los últimos cinco años, un reportero cayó en represalia por su tarea informativa en 2009.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
• Argentina
• Brasil
• Colombia
• Cuba
• Ecuador
• Honduras
• México
• Nicaragua
• Estados Unidos
• Venezuela
• En un Vistazo
Semana, la revista de noticias
líder conocida por investigaciones que sacudieron al gobierno del Presidente
Álvaro Uribe Vélez, publicó en febrero una nota sobre un plan de espionaje
orquestado por agentes del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el
servicio nacional de inteligencia. La revista informó que existían funcionarios
que espiaban a periodistas críticos, a miembros de la oposición, a jueces de la
Corte Suprema, a funcionarios gubernamentales y a grupos internacionales de
derechos humanos. Miles de mensajes de correo electrónico y conversaciones
telefónicas fueron interceptadas y la información habría sido luego pasada a grupos
criminales, informó Semana. Los
periodistas más conocidos del país figuraban entre aquellos que estaban siendo
monitoreados.
Uribe negó su
participación y responsabilizó por el espionaje a mafias dentro del servicio de
inteligencia. La Fiscalía General ordenó un allanamiento inmediato de la sede
central del DAS y una investigación de las acusaciones. Los investigadores
determinaron más tarde que el plan se había extendido entre 2003 y bien
avanzado 2009, conforme a informes de prensa. El matutino de Miami El Nuevo Herald informó en junio que, entre otras cosas, el DAS monitoreaba
los mensajes de correo electrónico y las conversaciones telefónicas entre
periodistas colombianos y grupos internacionales de derechos humanos,
incluyendo el CPJ.
En septiembre, luego del
arresto de 10 funcionarios de alto rango del DAS, el gobierno de Uribe presentó
un proyecto de ley ante el Congreso para crear una organización de inteligencia
más pequeña con funciones más limitadas. El DAS, que está bajo la supervisión directa
del presidente, se había visto asediado por escándalos durante los dos mandatos
de Uribe.
Entre los detenidos por el
escándalo de espionaje figuró el ex subdirector del DAS, José Miguel Narváez,
según informes de prensa. Semana informó
que el ex funcionario del DAS también mantenía vinculaciones con el líder
paramilitar Carlos Castaño y estaba siendo investigado en relación con el
asesinato del periodista Jaime Garzón. Conductor de noticias de Caracol y
columnista del semanario Cambio,
Garzón fue baleado de muerte a cuatro cuadras de su oficina en 1999. Al año
siguiente, las autoridades acusaron y condenaron al líder paramilitar Castaño en
ausencia. (Se cree que Castaño, quien desapareciera a principios de la década,
está muerto.) En 2009, con la Ley de Justicia y Paz, un combatiente paramilitar
desmovilizado indicó que Narváez había ordenado el asesinato y había instado a
Castaño para que lo ejecutara, según informó Semana. Bajo la Ley de Justicia y Paz, miembros de grupos armados
ilegales reciben concesiones judiciales generosas a cambio de su
desmovilización y de las confesiones completas de sus crímenes. Narváez no fue
acusado de inmediato en el caso Garzón. La Ley de Justicia y Paz ha sido
criticada por provocar acusaciones falsas.
Hollman Morris, reportero
conocido por su cobertura crítica del conflicto armado, fue blanco de los
ataques del gobierno luego de que viajara al sudoeste de Colombia para
entrevistarse con combatientes guerrilleros para un documental sobre
secuestros. El 1 de febrero, Morris relató que miembros de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) lo instaron a que entrevistara a tres
oficiales de la policía y a un soldado que estaban retenidos como rehenes. El
periodista relató al CPJ que una vez que dio cuenta de que las respuestas de
los rehenes habían sido obtenidas por coerción, solamente les preguntó sus
nombres y la cantidad de tiempo que llevaban en cautiverio. Ese mismo día, las
FARC liberaron a los cuatro rehenes ante una misión humanitaria liderada por la
Cruz Roja Internacional.
Cuando se informó sobre la
reunión de Morris con los rehenes, el gobierno reaccionó de un modo enérgico,
veloz y agresivo. El Vicepresidente Francisco Santos Calderón indicó que Morris
había actuado sin “objetividad ni imparcialidad”. Luego, el Ministro de Defensa
Juan Manuel Santos afirmó que era “afín a las FARC”. Y Uribe acusó al
periodista de ser un “cómplice del terrorismo”.
Morris relató al CPJ que
las acusaciones desencadenaron una serie de amenazas vía correo electrónico. El
5 de febrero, el CPJ y Human Rights Watch le enviaron una carta a Uribe
objetando las tendenciosas aseveraciones e instando al presidente a poner fin a
los comentarios vinculando a periodistas con cualquiera de los actores del conflicto
armado. La investigación del CPJ mostró que estas declaraciones públicas han
puesto en peligro a los periodistas. El gobierno ha recurrido con frecuencia a similares
acusaciones politizadas, según afirmó la organización Human Rights First de
Nueva York en una audiencia del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes
de Estados Unidos realizada en marzo. Los fiscales colombianos, afirmó el
grupo, han iniciado una cantidad de investigaciones penales “engañosas” e
infundadas en contra de colombianos, incluyendo a periodistas y activistas por
los derechos humanos.
Los periodistas que
trabajaban en las provincias enfrentaron hostigamiento proveniente de todos los
actores en el conflicto armado que lleva ya cinco décadas. En febrero, los
cuatro rehenes liberados por las FARC ante la misión humanitaria expresaron que
las guerrillas habían declarado a los periodistas locales “blancos militares”.
En marzo, dos supuestos miembros del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC) le disparó a Gustavo Adolfo Valencia Ayala dentro de su hogar en
la ciudad oriental de Popayán. Valencia, director de la emisora nacional de
radio Todelar, sufrió una herida en su pierna. En abril, seis atacantes no
identificados mantuvieron a Gustavo Álvarez Gardeazábal amenazado a punta de
pistola en su hogar en la ciudad occidental de Tuluá. Los atacantes saquearon
la casa del periodista, conductor del programa político “La Luciérnaga” en Radio
Caracol, pero no le hicieron daño. Una cámara de seguridad registró a los
asaltantes cuando huían y los investigadores identificaron el camión que
conducían como un vehículo militar. El ejército negó su participación y Uribe
ofreció 20 millones de pesos (10,000 dólares estadounidenses) a quien brindara
información sobre el caso.
Un periodista cayó en
cumplimiento de su labor informativa. José Everardo Aguilar, de 72 años,
corresponsal de Radio Súper en la ciudad de Patía, al sur del país, y conductor
del programa de noticias de la emisora radial comunitaria Bolívar Estéreo, fue abatido
a tiros afuera de su domicilio en el mes de abril. Sus colegas afirmaron al CPJ
que Aguilar había denunciado vinculaciones entre políticos locales y
paramilitares. Una persona fue acusada del crimen, pero un tribunal local lo absolvió
en noviembre. Según la Policía Nacional, el crimen fue en represalia por la tarea
informativa de Aguilar
Dos periodistas fueron
asesinados en circunstancias poco claras. El cuerpo acribillado a balazos de
Diego Jesús Rojas Velásquez, reportero y camarógrafo de Supía TV, fue hallado
en septiembre en una autopista en la ciudad central de Supía. En diciembre,
Hárold Humberto Rivas Quevedo, conductor de un programa de comentarios
políticos transmitido por CNC Bugavisión, murió víctima de los disparos que
recibió cuando salía de los estudios de la televisora en la ciudad occidental
de Buga. El CPJ continúa investigando si los asesinatos tuvieron relación con
el trabajo de los periodistas.
Las autoridades informaron
sobre un avance en un caso de asesinato que llevaba ya ocho años. Dos ex
combatientes paramilitares confesaron, amparados por la Ley de Justicia y Paz, el
asesinato de Flavio Iván Bedoya, corresponsal regional del periódico Voz de Bogotá, del partido comunista, en
2001. Bedoya, acribillado a balazos cuando se bajaba de un autobús en la ciudad
portuaria de Tumaco, al sudoeste del país, había publicado informes críticos
sobre los vínculos entre las fuerzas de seguridad locales y grupos paramilitares
en el departamento de Nariño. De acuerdo con un informe de abril difundido por la
Fundación para la Libertad de Prensa, bajo el amparo de esta ley ya hubo combatientes
paramilitares que confesaron su participación en otros siete asesinatos de
periodistas.
En un caso que marcó un
hito en la lucha contra la impunidad, un tribunal en el departamento norteño de
Santander condenó a tres ex funcionarios públicos por haber conspirado para
asesinar al comentarista de radio José Emeterio Rivas en 2003. El testigo clave
de la fiscalía fue el combatiente paramilitar desmovilizado Pablo Emilio
Quintero Dodino, quien confesó durante una audiencia motivada por la Ley de
Justicia y Paz. El ex Alcalde de Barrancabermeja Julio César Ardila Torres fue
sentenciado a 28 años de prisión, mientras que los ex funcionarios de obras
públicas Abelardo Rueda y Fabio Pajón Lizcano
recibieron cada uno condenas de 26 años y ocho meses de prisión. Rivas, de
44 años, comentarista de la emisora local Radio Calor Estéreo fue asesinado en
represalia por sus informes sobre la corrupción local y las vinculaciones entre
el gobierno de Ardila y los grupos paramilitares, comentó la Fiscalía General.

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