• El gobierno de Ortega margina a los medios privados.
• Las autoridades emplean el acoso legal y las campañas de desprestigio contra sus críticos.
Estadística Clave
0: El número de conferencias de prensa que ofreció Ortega desde que asumió su cargo.
Tres décadas después de una revolución que llevó a los Sandinistas al poder, el gobierno del Presidente Daniel Ortega siguió definiendo a los medios privados como enemigos y se movió activamente para minimizar su influencia. Ortega, que lideró el levantamiento de 1979 contra la dictadura de Somoza y recuperó la presidencia en las elecciones de 2006, empleó una serie de tácticas para marginar a la prensa, incluyendo la persecución legal, las campañas difamatorias para desacreditar a sus adversarios y la manipulación de la publicidad estatal para castigar a los medios críticos.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
• Argentina
• Brasil
• Colombia
• Cuba
• Ecuador
• Honduras
• México
• Nicaragua
• Estados Unidos
• Venezuela
• En un Vistazo
El gobierno ignoró a los
medios privados y menospreció su labor. Los periodistas locales no tuvieron
acceso ni a Ortega ni a sus asesores cercanos y a menudo fueron excluidos de
los eventos oficiales. El propio Ortega fue una figura escurridiza. Su agenda
fue un misterio político y su salud un secreto de estado, aunque varios informes
especularon con que el presidente sufría de lupus, una enfermedad autoinmune y
de carácter crónico. El líder sandinista no dio ninguna conferencia de prensa
desde que asumió a principios de 2007.
La Primera Dama Rosario
Murillo, virtual primer ministro que maneja todas las comunicaciones del
gobierno, ejerció un estricto control sobre la agenda de Ortega. Solamente se
permitió que los funcionarios del Poder Ejecutivo hablaran con la prensa con su
permiso. Excepto por el contacto con unos pocos medios partidarios del gobierno
y controlados por la familia del presidente o por el Frente Sandinista de
Liberación Nacional (FSNL), el presidente nicaragüense se mantuvo alejado de la
mirada pública. Funcionarios afirmaron que su aislamiento del escrutinio
público buscaba asegurarse que las opiniones del gobierno llegaran
“incontaminadas” al público por los medios críticos.
El gobierno no tuvo interés
en comunicarse con el pueblo nicaragüense a través de los medios, según indicó
el Procurador de Derechos Humanos, Omar Cabezas, durante una visita del CPJ realizada
en abril. “Nosotros establecemos nuestra propia agenda. Hablamos cuando
queremos para decir lo que queremos” expresó el más alto funcionario en
derechos humanos de Nicaragua.
El CPJ documentó la
agresiva postura del presidente hacia la prensa en un informe especial difundido
en julio. En el informe, titulado “La Guerra de Daniel Ortega Contra los Medios”,
el CPJ instó al gobierno a que asegure que los medios reciban acceso y
tratamiento equitativo; a poner punto final al acoso legal y las campañas de
descrédito; y a terminar con el uso de un lenguaje exaltado contra de la
prensa. La animosidad de Ortega hacia la prensa, reveló el CPJ, fue impulsada
por décadas de resentimiento arraigado en el primer gobierno sandinista.
Los partidarios de Ortega expresaron
su desacuerdo con el informe del CPJ. Roberto Larios Meléndez, presidente de la
Unión de Periodistas Nicaragüenses, afirmó que el informe “parecía un documento
redactado por el Departamento de Estado [de Estados Unidos] en los años 80”, y lo
describió como parte de “guerra de baja
intensidad que la ultraderecha nicaragüense con el apoyo de organizaciones
internacionales se encuentra librando para derrocar al gobierno revolucionario
de Nicaragua”. La
crítica de Larios reflejó la retórica usada por Ortega para denigrar a la prensa
y retratarla como agentes patrocinados por la CIA o controlados por la
oligarquía. Larios no cuestionó los elementos clave que aparecían en el informe
del CPJ.
Un informe difundido en
abril por el Observatorio de Medios del Centro de Investigación de la
Comunicación (CINCO), una organización sin fines de lucro que promueve la
investigación sobre medios, también observó que el gobierno buscaba confrontar
con los medios de prensa. “Daniel Ortega vive un deja vú de la revolución, ya que a treinta años del triunfo
revolucionario el enemigo es él mismo”, escribió el autor del
informe, Eduardo Marenco. El propio líder sandinista usó un lenguaje similar en
una entrevista de marzo con la cadena de televisión Al Jazira. En esa entrevista
explicó que Nicaragua estaba luchando una “guerra de medios, una guerra de
ideas.”
El gobierno usó el aparato
oficial de prensa –compuesto por Canal 4 de Televisión, Nueva Radio Ya y el
sitio de Internet El 19– para lanzar
ataques personales contra los medios críticos, según reveló la investigación
del CPJ. En marzo, por ejemplo, el Canal 4 transmitió una serie de avisos que tildaban
de “fascistas” a Francisco Chamorro, director del matutino El Nuevo Diario de Managua, y a su jefe de redacción, Danilo
Aguirre. El despido del periódico de la reportera Eloisa Ibarra se convirtió en
un pretexto para una campaña difamatoria que incluyó un montaje fotográfico
vinculando a Chamorro y Aguirre con cruces esvásticas nazis. Ibarra señaló que
fue despedida por su activismo sindical; El
Nuevo Diario indicó que se trató de un tema de desempeño profesional.
El más flagrante ejemplo
de intimidación gubernamental fue dirigido contra Carlos Fernando Chamorro, antiguo
director de noticias de la revista Sandinista Barricada en los años ochenta, quien actualmente dirige la revista Confidencial, es presidente de CINCO y
conduce los programas televisivos de noticias “Esta semana” y “Esta Noche”.
Chamorro es uno de los periodistas más críticos e influyentes del país. Fue en su
programa “Esta semana” en el cual Chamorro expuso un multimillonario plan
extorsivo que involucraba al frente sandinista con el tráfico de influencias en
el poder judicial.
Luego de que la nota fuera
puesta al aire en 2007, Canal 4 y Nueva Radio Ya emitieron avisos infundados
vinculando a Chamorro con el narcotráfico internacional. El gobierno
intensificó su ataque en septiembre de 2008 al lanzar una investigación contra CINCO
y otras organizaciones sin fines de lucro acusándolas de canalizar ilegalmente fondos de gobiernos
extranjeros hacia otros grupos de la sociedad civil. Las oficinas de CINCO en
Managua fueron allanadas y Chamorro fue interrogado.
En
febrero de 2009, luego de una condena internacional, la Fiscalía General desestimó
la causa penal contra CINCO y otras organizaciones. Chamorro atribuyó a la solidaridad
internacional el hecho de que el gobierno desestimara la demanda. “Gracias a esa ola de solidaridad nacional e internacional, en este caso se
ha podido sentar un precedente: cuando los ciudadanos tienen la razón y la
verdad, y sobre todo, la determinación de resistir y de no dejarse atropellar
por el abuso de poder, tarde o temprano el gobierno tiene que retroceder”, escribió en Confidencial.
Ejecutivos de medios
privados también se quejaron por un sistema arbitrario para distribuir la
publicidad gubernamental que castigó a los medios críticos, al tiempo que
recompensó a la prensa partidaria del gobierno. El gobierno sandinista gastó un
80 por ciento de su presupuesto de 3,5 millones de dólares estadounidenses en
el período 2007-08 en avisos para Canal 4, que es manejado por los hijos de
Ortega, según Confidencial.
Funcionarios del gobierno indicaron que seguían prácticas establecidas por sus
predecesores. Los gobiernos precedentes, por ejemplo, habían boicoteado a los
medios sandinistas, según el Procurador de Derechos Humanos.
En septiembre, las
autoridades nicaragüenses organizaron un foro para periodistas afiliados al
FSLN que, entre otras cosas, proclamó a los medios principales –incluyendo a
los canales de televisión 2, 8, 10 y 12, como así también los matutinos La Prensa y El Nuevo Diario – como “enemigos” del gobierno de Ortega. Un
proyecto presentado ante el Congreso para modificar la ley que creó el Colegio
de Periodistas de Nicaragua prevé sancionar a quien ejerza la profesión sin la autorización de esa
institución. El proyecto de ley
encendió una inmediata oposición de parte de los periodistas sin afiliación a
ese grupo que señalaron que se trataba de un intento manifiesto de regular la
profesión. El proyecto de ley aún seguía en trámite legislativo hacia fines de
año.
En octubre, la Corte
Suprema revocó las prohibiciones constitucionales sobre la reelección
presidencial consecutiva por más de dos
mandatos y despejó así el terreno para
que Ortega se presente nuevamente como candidato en 2011. La oposición y la
prensa privada criticaron el fallo con dureza. El Nuevo Diario describió la decisión como una “obscenidad legal” y
expresó que era “un asalto contra la paz social” en Nicaragua. En una
editorial, La Prensa dijo que la
decisión de la Corte Suprema era “un ataque grotesco y absurdo” en contra de la
constitución.

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