• Los jueces dictan arbitrarias órdenes de censura en procesos por difamación.
• Ex oficiales de policía condenados por el secuestro y tortura de periodistas de O Dia.
Estadística Clave
44: Fueron los demandas por difamación presentados por un solo miembro del congreso. El reclamo apunta a decenas de periodistas por su cobertura crítica.
En un importante paso adelante para la libertad de prensa, el más alto tribunal de Brasil derogó una ley represiva de 1967 que criminalizaba la labor informativa sobre cuestiones delicadas y establecía duras sanciones penales. Sin embargo, las leyes de difamación siguieron causando preocupación ya que las disposiciones del código penal estipulan condenas a prisión por calumnias e injurias. Y continuó la catarata de procesos civiles por difamación, en algunos casos llevando a que tribunales inferiores dictaran órdenes de censura que impidieron a la prensa cubrir temas de interés público, incluyendo supuestos casos de corrupción que involucraban a funcionarios gubernamentales y empresarios.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
• Argentina
• Brasil
• Colombia
• Cuba
• Ecuador
• Honduras
• México
• Nicaragua
• Estados Unidos
• Venezuela
• En un Vistazo
En abril, el Supremo Tribunal Federal
dictaminó que la Ley de Prensa de 1967, resabio anacrónico del régimen militar
en el país, violaba garantías constitucionales para la libertad de expresión. El
mismo tribunal había suspendido anteriormente 22 de los 77 artículos mientras
el fallo definitivo seguía pendiente. El CPJ y otros grupos se habían
manifestado públicamente en contra de la ley, aduciendo que contradecía los
estándares regionales para la libre expresión. La ley de prensa definía
violaciones en términos muy generales que incluían: reportaje ofensivo a la
moral pública; información que un acusado pudiese encontrar ofensiva para su
reputación o su dignidad; información que el gobierno pudiese considerar subversiva;
e información sobre hechos “verdaderos” que pudiesen considerarse
distorsionados o provocadores. También permitía a las autoridades censurar a
medios y escritores, confiscar publicaciones e imponer penas de prisión de
hasta tres años por violaciones a la ley.
La decisión del alto tribunal fortaleció un
gran número de opiniones legales internacionales en el sentido de que las leyes
civiles proporcionan una reparación adecuada para los delitos de prensa. En un
fallo histórico de 2004, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sostuvo
que las críticas a funcionarios públicos deben tener “un margen de apertura a
un debate amplio sobre temas de interés público”. Las leyes que penalizan la
libertad de expresión son incompatibles con los derechos establecidos en el
Artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, que Brasil ha
ratificado. Así lo estipuló la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en
1994: “En efecto, si se consideran las consecuencias de las sanciones penales y
el efecto inevitablemente inhibidor que tienen para la libertad de expresión,
la penalización de cualquier tipo de expresión sólo puede aplicarse en
circunstancias excepcionales en las que exista una amenaza evidente y directa
de violencia anárquica”.
Según las disposiciones que aún permanecen en
el código penal, no obstante, los periodistas brasileños pueden recibir penas
de prisión de hasta dos años por el delito de difamación. La ley se ha utilizado
para hostigar e intimidar a periodistas críticos, según la investigación del
CPJ.
Las leyes de difamación civil también se
usaron para silenciar a periodistas. Miles de demandas presentadas por
empresarios, políticos y funcionarios públicos alegando que periodistas y
medios críticos han ofendido su honor engrosan las causas pendientes de los
juzgados, según la investigación del CPJ. Los demandantes a menudo presentan
reclamos judiciales múltiples sobre una única causa y buscan altas compensaciones
por daños y perjuicios como forma de ahogar los recursos financieros de sus
críticos. Esta práctica se ha vuelto tan habitual que se la conoce como la
“industria de la compensación”.
Más alarmantes, no obstante, son las órdenes
de censura emitidas por tribunales que impiden que los medios demandados cubran
cuestiones importantes de interés público mientras las causas siguen
pendientes. En un caso notable, el 31 de julio, el Juez Dácio Vieira del
Tribunal del Distrito Federal en Brasilia impidió que el diario O Estado de São Paulo y su sitio de
Internet Estadão publicaran información sobre un escándalo de corrupción que
involucraba a la familia del ex Presidente José Sarney, según informes de la
prensa local. El caso se originó en un informe acerca de la asignación de
contratos federales a parientes y amigos cercanos a Sarney, quien fuera
presidente del Senado en 2009. O Estado de São Paulo fue el primer medio en
informar sobre la supuesta participación de Sarney en el escándalo. Vieira
dictaminó que O Estado de São Paulo sería multado con 150,000 reales (87,000
dólares estadounidenses) por cada nota publicada sobre el caso. El juez dijo
que la prohibición se aplicaría a otros medios que buscaran republicar las
notas del matutino. El periódico perdió la apelación, pero la familia Sarney
abandonó el caso en diciembre.
El
6 de julio, Lúcio Flávio Pinto, reconocido periodista y editor de Jornal Pessoal, periódico
de Belém en el estado norteño de Pará, fue hallado responsable en un juicio
civil por difamación y se le ordenó pagar 15,000 dólares estadounidenses en
concepto de daños y perjuicios—el equivalente a su salario en el periódico durante
un año y medio. El juicio fue presentado por los hermanos Ronaldo y Romulo
Maiorana Jr., dueños del grupo de medios Organizações Rômulo Maiorana, la empresa
de comunicación más grande en el norte de Brasil. Los hermanos Maiorana argumentaron
que Pinto había dañado la reputación de la familia con una nota publicada en
2005 sobre el poder económico y la influencia de este grupo de medios. Miembros
de la familia Maiorana presentaron otros cuatro juicios por difamación civil en
contra de Pinto, ganador en 2005 del Premio Internacional a la Libertad de
Prensa del CPJ.
Los poderosos y
privilegiados presentaron otros reclamos judiciales. El congresista Edmar
Moreira presentó más de 44 demandas contra unos 38 periodistas y 13 medios de
prensa por informes sobre su fortuna y su supuesta participación en casos de
corrupción oficial. Una corte del estado de Espírito Santo, al sudeste del
país, ordenó al sitio de Internet Século Diário quitar de su página Web
tres notas sobre la supuesta participación de dos jueces estatales en un plan
para hostigar a abogados locales. En el estado de São Paulo, el alcalde de Adamantina,
José Francisco Figueiredo Micheloni, entabló una demanda al matutino local Jornal da Cidade basándose en una cita
de una concejal que lo había ofendido.Un empresario local en el estado de
Fortaleza, al noreste del país, obtuvo una orden judicial que impedía que el
grupo de medios O Povo –que incluye a un diario, emisoras radiales, una
estación de TV y servicios de Internet– informara sobre sus finanzas. El
demandante alegaba que el grupo de medios había violado su privacidad, aunque O
Povo dijo que la información financiera estaba disponible públicamente en
Internet.
Brasil calificó en
décimo tercer lugar en el Índice de Impunidad del CPJ, una lista de países en
los cuales los periodistas caen con frecuencia en cumplimiento de su trabajo y
en donde los gobiernos no logran resolver los crímenes. Si bien la clasificación
reflejó un registro de violencia contra la prensa que viene de larga data, las
autoridades han concretado avances recientes al enjuiciar a los
responsables.
En mayo, uno de los
acusados por el asesinato de Nicanor Linhares, el provocativo conductor de un
programa radial de gran audiencia, fue condenado y sentenciado a 23 años de
prisión en el estado de Ceará. Linhares fue asesinado en junio de 2003 por dos
hombres armados que irrumpieron por la fuerza en su cabina de transmisión en
Rádio Vale do Jaguaribe en la ciudad de Limoeiro do Norte. Las acusaciones
contra de los autores intelectuales del crimen, un político local y su cónyuge,
una jueza federal, seguían pendientes.
En agosto, los ex
oficiales de policía Odin Fernandes da Silva y Davi Liberato de Araújo fueron
condenados y sentenciados a 31 años de prisión por formar parte de un grupo
paramilitar que secuestró y torturó a dos periodistas y a un conductor que
trabajaban en forma encubierta para el matutino O Dia de Rio de Janeiro en
el barrio Batan, en 2008. Los secuestradores golpearon a los periodistas y al chofer
repetidamente, los torturaron con descargas eléctricas, les pusieron bolsas
plásticas sobre sus cabezas y los amenazaron con asesinarlos, según relataron.
El grupo fue liberado siete horas después.
A pesar de las
condenas, los periodistas continuaron siendo blanco de violencia e intimidación,
especialmente en el interior del país. El 27 de junio, en el norte de Amazonas,
el Ministro de Transporte Alfredo Nascimento y su hijo supuestamente asaltaron
a Ronaldo Lázaro Tiradentes, reportero de Tiradentes Radio y Televisión, en el
estacionamiento del aeropuerto de Manaus, según informes de la prensa local. El
periodista, quien filmó partes del episodio con su teléfono celular, presentó
una denuncia ante la policía.
El 16 de julio, efectivos
de la policía militar intentaron impedir que periodistas cubrieran una protesta
afuera de la casa del gobernador de Rio Grande do Sul, Yeda Crusius, en la
capital del estado, Porto Alegre. El gobernador estaba siendo investigado en relación
con la supuesta apropiación ilícita de más de 24 millones de dólares
estadounidenses. La policía detuvo al fotógrafo independiente Antônio Carlos
Argemi cuando intentaba salir de un área restringida para tomar fotografias.
Argemi fue liberado sin cargos.
En agosto, Carlos Baía,
director de la emisora radial Metropolitana Radio de Barcarena en Pará, recibió
amenazas de muerte por teléfono luego de denunciar un supuesto fraude en la
sede municipal de Barcarena, según informes de prensa. Luego de presentar una
denuncia policial, Baía renunció y huyó de la ciudad. Posteriormente, ese mismo
mes, cuatro hombres no identificados atacaron las oficinas de la emisora radial
Diário FM de Marília en el estado de São Paulo, indicó la prensa local. Los
atacantes ataron al guardia de seguridad con sogas y destruyeron el equipo
central de transmisión. La emisora estuvo fuera del aire durante tres horas
luego del ataque.

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