La violencia contra la prensa disminuyó levemente, pero la impunidad prevalece en casos del pasado. El fiscal a cargo de investigar el asesinato del periodista televisivo Pedro Alfonso Flores Silva, ocurrido en el 2011, fue él mismo asesinado en abril de 2012, en la misma semana en que iba a divulgar los resultados de su investigación. El mes siguiente, la policía nacional anunció que el alcalde local había ordenado el asesinato de Flores en represalia por las denuncias de corrupción política por parte del periodista, pero el alcalde nunca fue acusado formalmente en el caso. Mientras tanto, el exalcalde de la ciudad de Coronel Portillo fue absuelto en mayo del asesinato del periodista radial Alberto Rivera Fernández, ocurrido en 2004. Por otra parte, tras la condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Suprema peruana revocó su propia decisión de liberar a Alberto Pinto, ex jefe del servicio de inteligencia militar. Pinto cumplía una condena de 15 años de cárcel por el asesinato de civiles, entre ellos el periodista Pedro Yauri, en la década de 1990. Pinto se ocultó de las autoridades cuando emitieron una orden de arresto en su contra. Se registraron varias agresiones contra los medios. Un periodista perdió el conocimiento a causa de una golpiza después de denunciar actos de corrupción. Periodistas que cubrieron violentas protestas contra un proyecto minero fueron atacados por la policía y los manifestantes. Ningún periodista resultó encarcelado en 2012, pero dos recibieron sentencias de prisión suspendidas al ser declarados culpables del delito de difamación. Un proyecto de ley que elimina las sanciones de privación de libertad por el delito de difamación ha estado paralizado en el Congreso desde mediados de 2011.