La periodista Julia Mengolini, fundadora y directora de la radio Futuröck, llamó la atención el verano pasado tras demandar al presidente argentino Javier Milei y a más de 20 personas relacionadas con su administración, acusándolos de “asociación ilícita, malversación de fondos públicos, amenazas coactivas e instigación pública al odio”.
Mengolini dijo al CPJ que aún no se asignó un juez al caso. “Es muy difícil para un juez investigar a un presidente”, añadió. “Por eso, no estoy impaciente, esta es una pelea que se puede dar a largo plazo, pero la seguiremos dando.”
En los 15 años que Mengolini lleva cubriendo la política argentina, afirma que los periodistas nunca han sido tan perseguidos y atacados desde que el gobierno de Milei asumió el poder en diciembre de 2023. El presidente populista de derecha presentó dos denuncias penales por injurias contra Mengolini: una fue desestimada y la otra se reabrió el 18 de diciembre de 2025. Si pierde los casos, ella se enfrentaría a una multa de entre 1500 y 20 000 pesos (entre 1 y 14 dólares en valores actuales), según el artículo 110 del Código Penal argentino. Mengolini reveló que el ministro de Salud de Argentina también presentó una demanda contra ella que fue desestimada, pero las acciones legales en su contra no han minado su determinación de informar sobre la verdad.
Mengolini fue objeto de un intenso acoso en línea en relación con su trabajo, incluyendo un incidente en el que se compartieron vídeos en los que aparecía involucrada románticamente y manteniendo relaciones sexuales con su hermano. Mengolini afirma que seguirá denunciando el acoso a los periodistas y defendiendo a otros “que piensan como nosotros”. Aquí, la periodista cuenta más sobre su demanda contra Milei y el comentario que cambió su vida para siempre.
Esta entrevista fue editada para hacerla más clara y concisa.
¿Podrías dar más detalles sobre el incidente que llevó a Milei a demandarte?
Hace más de 2 años en un programa de televisión de política y humor, Milei era candidato a presidente y yo dije que era un señor que estaba enamorado de su hermana y vivía con ocho perros. Por eso me hizo una demanda por injurias que el juez la desestimó con el argumento de que se trataba de una cuestión de interés público, ya que el mismo presidente había dicho unos días antes que él quería ser presidente para que su hermana fuera primera dama.
Además se comprobó que la relación con la hermana era de interés público porque ella es la secretaria de la presidencia y uno de los factores claves en el armado político de Milei. Todo esto fue dicho por el juez que me sobreseyó en esa causa.

¿Hubo alguna otra demanda desde autoridades del gobierno?
Sí, una de la parte del ministro de Salud, Mario Iván Lugones. Hicimos una transmisión especial desde el Hospital Garrahan, que es el hospital de niños que sufrió recortes del gobierno. Era una jornada de huelga, de lucha importante. Me hicieron una demanda por supuestamente “entorpecer el normal funcionamiento del hospital”. El juez archivó esa causa. Hubo una denuncia penal más por injurias, porque yo dije que Milei todo el tiempo nos tenía expuestos a metáforas de violación. También fue inmediatamente desestimada.
¿En qué medida dirías que cambió la gestión de estas denuncias bajo la administración de Milei?
Es todo un sistema de persecución que tiene el objetivo muy claro de disciplinar. No solo somos denunciados y perseguidos, sino también somos un ejemplo para el resto de los periodistas. Es una suerte de “mira lo que te puede pasar a vos también”. Las demandas vienen en conjunto con unos ataques organizados en las redes sociales, un odio muy tremendo que genera una especie de autocensura. Hay muchos periodistas que se cuidan mucho más de lo que van a decir y otros que acomodan su discurso para no ser molestos al gobierno de Milei porque hay una bajísima tolerancia a la crítica. Inventan fake news para desquiciarnos y silenciarnos.
¿Cómo lidiaste con esas campañas en contra de ti? ¿Cómo protegiste tu presencia en línea?
Personalmente y emocionalmente hace mucho que no miro mis menciones en X y hace mucho que dejé de tuitear. Además, me banearon en X. Tengo una cuenta fantasma de 250.000 seguidores y que no se encuentra. No sé cómo revertirlo, no hay un tribunal, no sé quién me lo hizo. Cada vez que se habla de mí, no puedo interferir o defenderme. Mi cobertura emocional consiste en no mirar. O sea, miro el timeline de X, pero no miro mis menciones, ni mi nombre, cuando sé que soy tendencia no entro. Tomo una distancia con toda esa violencia, pero de cualquier manera llega. Duele y es bastante mortificante.
¿Crees que los ataques de Milei hacia las mujeres son peores cuando los comparas con los dirijidos a los colegas hombres?
De Milei específicamente no tanto, se le atreve más a las mujeres, pero también hay denuncias penales contra colegas varones. Sin duda, todo el sistema del odio organizado en redes sociales es absolutamente misógino. El ataque que recibimos las mujeres en las redes sociales no se compara con el ataque y el odio que reciben los hombres. Es un sistema comandado por la ultraderecha.

¿Cómo tomaste la decisión de demandar a Milei?
Fue después de uno de los ataques más violentos que sufrí: un video hecho con inteligencia artificial donde los “trolls libertarios” de la fuerza política de Milei me involucraban románticamente con mi hermano en X. Esto fue amplificado por figuras muy cercanas a Milei y por el propio Milei que, en un fin de semana, me dedicó 93 tweets. Hubo otro video más “deep fake” donde yo mantenía relaciones sexuales con mi hermano. Te lo mandaban el link si vos le pedías a un troll.
Reconstruimos un poco el mapa [del ataque]: de dónde había salido, quiénes habían empezado, quiénes lo habían amplificado, cómo se conformaba esa red. Después de una investigación bastante profunda y seria, llegamos a la conclusión de que la cabeza de esa organización era el propio Milei. Lilia Lemoine [del partido La Libertad Avanza], una de sus diputadas más cercanas, fue de las primeras que retuiteó el video. Santiago Oría, director de Realización Audiovisual, también. Todos los trolls que son del ecosistema libertario fueron los que distribuyeron el video. Investigamos la malversación de fondos porque entendemos que la organización que difundió este video está costeada por fondos públicos.
La denuncia que yo le hago y a más de 20 personas muy cercanas a él es por asociación ilícita, malversación de fondos públicos, amenazas coactivas, porque seguidores de Milei decían que me iban a matar y hacerme cosas horribles, e instigación pública al odio.
¿Hay juzgado fijado en tu caso?
Todavía no. Es muy difícil para un juez investigar a un presidente. Por eso, no estoy impaciente, esta es una pelea que se puede dar a largo plazo, pero la seguiremos dando. Es una gran oportunidad para sentar un precedente sobre el uso de la inteligencia artificial, la organización del odio en las redes sociales, una herramienta que pueden tener los mandatarios de ultraderecha.
Después de todo lo que pasaste, ¿alguna vez pensaste en dejar el periodismo?
A cada tanto lo pienso. Hay días que son difíciles. Hay mucho hostigamiento organizado y permanente con mi figura. Debo ser de las mujeres más odiadas de Argentina. Hay un odio artificial, pero hay otro odio que consiguen instalar y convencer a una parte de la sociedad de que me odie. Hay días que eso es difícil de digerir.
¿Cómo afectó ese acoso tu salud?
Tengo muchos problemas de digestión. Este año se me disparó un malestar del intestino que se llama SIBO [small intestinal bacterial overgrowth por sus siglas en inglés o sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado] y está vinculado al estrés. Empezó en el momento culminante del caso del video con mi hermano. Todavía no me puedo curar. No puedo comer casi nada, ni azúcar, ni harina, ni carbohidratos, y tengo que comer como un pajarito. Adelgacé muchísimo. Es el cuerpo sufriendo lo que la cabeza intenta no sufrir.
Teniendo en cuenta todo lo que viviste, ¿qué les dirías a los jóvenes periodistas que navegan la nueva política mundial?
Les diría que hay mucho por hacer, que tenemos una tarea muy trabajosa que es desmontar una enorme estructura de mentiras muy organizada. Creo que no hay mucha opción más que dar la pelea y que al final es una vida mucho más entretenida que ser un periodista que se termine acomodando a los designios del poder o donde está la plata o donde las cosas pueden ser más fáciles.
Es más divertido y satisfactorio dejarse llevar por las condiciones que te llevaron a estudiar periodismo en primer lugar. Nadie entra a estudiar periodismo para hacerse rico. Todos los que estudiamos periodismo tenemos la ilusión de la búsqueda de la verdad.