Después de casi un año en prisión, el periodista venezolano Rory Branker finalmente está libre. Pero aún no se ha librado de lo que expertos legales y grupos defensores de la libertad de prensa describen como cargos penales falsos que pesan sobre él.
Después de que el ejército de Estados Unidos derrocara al presidente venezolano Nicolás Maduro en enero, Branker fue uno de los más de veinte periodistas liberados de prisión tras haber sido encarcelados por el represivo régimen autoritario de Maduro por su cobertura crítica. Mientras tanto, el nuevo gobierno de Venezuela, encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, también aprobó una ley de amnistía que autoriza a los jueces a eliminar una amplia gama de cargos penales presentados contra ex presos políticos en los últimos 26 años.
Sin embargo, Branker, director de contenidos del portal de noticias independiente La Patilla, dijo que cuando acudió a los tribunales para solicitar la amnistía, su petición fue denegada. En consecuencia, todavía enfrenta cargos de terrorismo, traición, conspiración para cometer delitos e incitación al odio. De ser declarado culpable, podría ser enviado nuevamente a prisión por décadas.
“Creo que el gobierno venezolano aún no ha terminado de fastidiarme”, dijo Branker, de 47 años, al CPJ en una entrevista el 1 de mayo.
Sin embargo, Branker no es el único periodista que, tras haber estado encarcelado, sigue inmerson en trámites burocráticos. Aunque la mayoría recibió amnistía o fue juzgada y declarada inocente, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) de Venezuela afirma que ocho de los 28 periodistas liberados tras la caída de Maduro todavía enfrentan cargos penales.
“La ley de amnistía ha generado avances concretos, pero su aplicación ha sido inconsistente”, señaló el sindicato en un comunicado el mes pasado. “La ley debe aplicarse plenamente y con prontitud, sin interpretaciones restrictivas, para garantizar el archivo de los casos penales contra periodistas.”
Aunque en la Venezuela posterior a Maduro los periodistas cuentan con más espacio para informar, la aplicación arbitraria de la ley de amnistía es solo una señal de que la libertad de prensa sigue amenazada. La autocensura es generalizada y muchos periodistas venezolanos que huyeron del país en la última década continúan en el exilio. Según el SNTP y la ONG Conexión Segura y Libre, el gobierno sigue bloqueando los sitios web de al menos 65 medios de comunicación.
Muchos sectores duros pro-Maduro han permanecido en el nuevo gobierno, incluido el ministro del Interior, Diosdado Cabello, quien en 2015 demandó a La Patilla por difamación.
Además, el poder judicial sigue respondiendo ante el presidente, y los periodistas que buscan amnistía a menudo deben presentar solicitudes ante los mismos jueces que originalmente los acusaron de delitos falsos. En lo que va del año, 29 periodistas han sido detenidos por las fuerzas de seguridad, aunque fueron liberados rápidamente, según la organización venezolana de libertad de expresión Espacio Público.
Branker, que ha vuelto a trabajar en La Patilla, habló recientemente con el CPJ sobre su complejo caso legal.
Tras trabajar para La Patilla durante 15 años, ¿por qué fue detenido y encarcelado repentinamente el año pasado?
La Patilla es uno de los sitios de noticias más leídos en Venezuela. Siempre fuimos críticos con el gobierno. Publicamos artículos sobre las contradicciones entre sus declaraciones y sus acciones. Cubrimos sus vínculos con grupos como Al Qaeda y Hezbolá, así como sus conexiones con cárteles de droga. Por eso bloquearon el sitio. Incluso hoy, solo se puede leer La Patilla en Venezuela con una VPN (red privada virtual), porque el nuevo gobierno se ha negado a levantar el bloqueo.
Tras el robo electoral de Maduro en 2024, el gobierno reprimió masivamente la disidencia, y muchos periodistas corrieron un alto riesgo de ser arrestados. Creo que el gobierno me tomó como objetivo para presionar a La Patilla, intimidar a nuestros reporteros e intentar forzar su cierre. Gracias a Dios, eso no ocurrió. Fui secuestrado el 20 de febrero de 2025 e permaneci oculto durante siete meses. Fui el único periodista desaparecido forzosamente durante tanto tiempo.
¿Cómo fue tratado en prisión?
Al principio, me colocaron en celdas de aislamiento y me torturaron. Los guardias me ponían una capucha para asfixiarme e intentar obtener información sobre mis colegas. Pero no les dije nada y no tenían pruebas, así que no sabían qué hacer conmigo. Me trasladaron a cinco prisiones diferentes. En un momento dado, me dijeron que si alguna vez me liberaban, tendría que abandonar el país.
¿Sabe por qué fue liberado después de la captura de Maduro?
Fui liberado porque Trump hizo lo que hizo y Maduro ya no gobierna el país. Trump también habló sobre el problema de los presos políticos. El gobierno de Rodríguez está liberando presos y promoviendo la amnistía contra su voluntad. No están contentos de tener que comportarse como seres humanos debido a la presión de Estados Unidos. Yo fui el último periodista encarcelado en ser liberado, lo cual ocurrió el 4 de febrero de 2026. Pero recuerden que todavía hay alrededor de 500 presos políticos tras las rejas.
¿Qué ocurrió cuando solicitó la amnistía?
Venezuela ahora cuenta con tribunales especiales contra el terrorismo porque bajo Maduro se promulgaron numerosas leyes sobre corrupción, terrorismo y crimen organizado. En una audiencia preliminar, mientras yo estaba preso, el juez de mi caso decidió que debía ser juzgado por terrorismo, traición, conspiración e incitación al odio. Tras mi liberación y solicitud de amnistía, otro juez, citando el fallo del juez anterior, decidió que mi caso debía ir a juicio y rechazó mi petición de amnistía. Mi abogado dice que esta decisión carece de fundamento legal bajo los términos de la ley de amnistía, por lo que estamos apelando. Mientras tanto, no puedo salir del país y debo presentarme ante las autoridades judiciales semanalmente.
¿Por qué cree que otros periodistas recibieron amnistía y usted no?
La decisión en mi caso fue personal. Creo que el gobierno intenta castigarme a mí, a Alberto Ravell [cofundador y director de La Patilla] y a La Patilla. Puede que sea por culpa del ministro del Interior, Diosdado Cabello, quien demandó a La Patilla por difamación. Aún no están satisfechos con todo lo que me han hecho. Pero no estoy preocupado. He pasado por momentos muy difíciles y he sobrevivido a cosas mucho peores. A pesar de estos problemas, llevo una vida normal en Caracas y he vuelto a trabajar en La Patilla.