Ochoa fue asesinado en la ciudad de Ayutla de los Libres luego de abandonar la fiesta de cumpleaños de un político local, indicaron al CPJ un amigo y un colega del periodista. Un vocero del gobernador de Guerrero informó al diario La Jornada el sábado que no había indicios sobre el caso.
“La violencia contra los medios mexicanos, que es generalizada desde hace tiempo, se ha intensificado en las últimas semanas”, afirmó Carlos Lauría, coordinador senior del programa de las Américas del CPJ. “Las autoridades mexicanas deben quebrar el ciclo de impunidad en los asesinatos de periodistas y castigar a todos los responsables por la muerte de Ochoa. La violencia está paralizando el trabajo de la prensa y está causando un daño perdurable a la democracia mexicana”.
Ochoa era dueño de dos diarios de pequeña circulación: el semanario El Oportuno en la capital estatal, Chilpancingo, y el periódico El Sol de la Costa en Ayutla de los Libres. Como las condiciones en Guerrero son peligrosas y los crímenes contra periodistas en general no se resuelven, los periódicos evitan controversias y no cubren en profundidad notas que aborden cuestiones delicadas, indicó el periodista Jaime Miranda, colega de Ochoa. Agregó que Ochoa nunca informó haber recibido amenazas y continuaba con su costumbre de conducir solo por la región para cumplir con su labor informativa.
Juan García
Castro, director de una asociación de semanarios en Guerrero, señaló que
conocía a Ochoa desde hace 20 años. “Ninguno de los periódicos escribe sobre los
carteles de la droga o temas sobre policías o funcionarios corruptos”, dijo García
al CPJ.
México es uno de
los lugares más peligrosos para la prensa, según las investigaciones del CPJ. Desde
1992, un total de 44 periodistas
–incluyendo Ochoa- han sido asesinados,
al menos 19 en represalia por su trabajo. Ocho han desaparecido
desde 2005. La mayoría cubría crimen o corrupción gubernamental.

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