Spain Briefing

La socialización del sufrimiento

El grupo separatista vasco ETA no se abstiene de asesinar a periodistas para conseguir publicidad.

Por un corresponsal del CPJ

25 de mayo de 2001 --- El proscrito grupo separatista vasco ETA al parecer asestó otro golpe a la prensa española ayer, al asesinar a balazos al director financiero de un diario regional.

Santiago Oleaga Elejabarrieta, de El Diario Vasco, fue abatido a tiros frente a un hospital en el puerto vasco de San Sebastián. La ETA ya había perpetrado dos ataques terroristas durante la celebración de los recientes comicios regionales en las tres provincias vascas del norte de España: un carro bomba en Madrid y un paquete bomba que dejó mutilado a Gorka Landaburu, un reconocido periodista vasco.

Al igual que muchos periodistas que informan sobre la política vasca, Landaburu había recibido amenazas de muerte de la ETA. Él es una de las aproximadamente 3000 personas en el País Vasco que deben vivir y trabajar bajo constante protección policial.

La ETA, el último movimiento guerrillero activo en Europa continental, ha dado muerte a más de 800 personas en los 30 años en que ha librado una guerra por la independencia vasca. La agrupación antes atacaba a policías, militares y, aunque con menos frecuencia, a dirigentes políticos. Pero a medida que ha disminuido el apoyo a la independencia vasca -hoy la región vasca disfruta de considerable autonomía dentro de España- la ETA se ha vuelto más despiadada. Quien critica a la ETA o a la violencia separatista corre el riesgo de caer víctima.

Desde que la ETA abandonó una tregua en diciembre de 1999, ha asesinado a 30 personas, entre ellos concejales municipales, un magistrado del Tribunal Supremo, un periodista y un profesor de Historia. La ETA también ha colocado bombas en universidades, empresas vascas y, en una ocasión, frente a la casa de dos periodistas españoles que cubrían el país vasco para un diario nacional y una red televisiva.

El asesinato como mensaje

Los etarras consideran a la prensa española, y a gran parte del mundo académico, como apéndices del Estado, y por ende, blancos legítimos de su «guerra de liberación». La ETA llama a su nueva estrategia «la socialización del sufrimiento». Los opositores de la ETA sostienen que éste es sólo un eufemismo para una campaña terrorista diseñada para silenciar a la prensa e infundir el miedo en todo el País Vasco.

La intimidación de periodistas no es sólo un ataque deplorable a la libertad de expresión. Ha tenido además el efecto de transformar a quienes deben observar e informar sobre un proceso político en participantes en ese proceso. En consecuencia, informar sobre el conflicto vasco se ha vuelto tan subjetivo, emotivo y polarizado como el conflicto mismo.

En la prensa estatal española, por ejemplo, los etarras son calificados de «terroristas», y los reportajes suelen ser sumamente emotivos. Aún aquellos periodistas que desean permanecer imparciales tienen dificultades en hacerlo. El Correo es un periódico vasco no afiliado a ningún partido político, e intenta reflejar una amplia gama de puntos de vista dentro del País Vasco. A pesar de ello, sus oficinas fueron atacadas con cocteles Molotov por simpatizantes de la ETA en marzo.
La ETA considera a la prensa española como apéndice del Estado, y por ende, blanco legítimo de su «guerra de liberación».


«En mis 30 años como periodista en el País Vasco, nunca he atravesado por una situación tan difícil como ésta», afirma el director de El Correo, Ángel Arnedo. «La sociedad vasca se ha vuelto tan polarizada que ya no hay espacio para un periódico independiente como el nuestro. Se nos tilda de traidores porque defendemos los lazos del País Vasco con España, pero también respaldamos la autonomía de la región. Al parecer, eso ya no es suficiente.»

El Correo es propiedad del Grupo Correo, un conglomerado vasco de medios de prensa que también incluye a El Diario Vasco, donde trabajaba el difunto Oleaga Elejabarrieta.

Arnedo, quien ha recibido amenazas de muerte de la ETA, siempre va acompañado de por lo menos dos guardaespaldas y siempre viaja en dos automóviles (uno es para despistar). Debe reservar vuelos y restaurantes utilizando un seudónimo, y no puede disfrutar de actividades tan simples como ir al cine debido a los riesgos.

Difícil labor periodística
Recoger noticias también puede ser una tarea desagradable, particularmente cuando periodistas no nacionalistas entran a pueblos o barrios controlados por simpatizantes de la ETA.

José María Calleja, un ex presentador de noticias de un canal de televisión vasco que ahora trabaja con el Canal Plus en Madrid, señala que los seguidores de la ETA repartieron afiches con su retrato y el letrero de «asesino» luego de que él empezó a referirse a los ataques de la ETA como «ataques terroristas». En el pasado, sostiene él, se hacía referencia a la ETA sólo como «la organización». «Fui el primer presentador de noticias que llamó terroristas a la ETA en televisión. Dije que lo que ellos hacían era asesinar. Quise relatar la historia desde el punto de vista de las víctimas», apunta Calleja. Él decidió dejar el País Vasco luego de que la policía le advirtió que la ETA planeaba atacar a su familia. Ahora trabaja en Madrid, escoltado siempre por dos guardaespaldas armados. Cuando uno pasa a ser víctima, afirma, es imposible permanecer indiferente.

Calleja se ha convertido en uno de los más fuertes críticos del moderado Partido Nacionalista Vasco, que ha gobernado la región vasca en los últimos 21 años. Calleja culpa a los nacionalistas de haber inculcado el odio hacia España y de perpetuar las divisiones sociales que le han permitido a la ETA seguir reclutando miembros 26 años después de la restauración de la democracia en España. El Partido Nacionalista Vasco, por su parte, afirma que nunca ha incitado a la violencia y señala que también ha sido víctima de ataques de la ETA.

Polarización
Al otro lado del conflicto, se ha vuelto sumamente difícil para la prensa proindependentista como el periódico Gara, defender la secesión del país vasco sin ser tildado de vocero de la ETA. Las leyes antiterrorismo de España estipulan que justificar la violencia separatista es un delito. En el pasado, los fiscales públicos han empleado estas leyes para clausurar publicaciones proindependentistas y encarcelar a sus directores.

Mientras la ETA aparenta prosperar en este ambiente volátil y muy polarizado, continúa indiferente ante la crítica internacional que la acusa de violar derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión. Esto no quiere decir que la ETA es insensible a la manera en que su imagen se presenta en la prensa española e internacional. Varios corresponsales extranjeros han recibido cartas de la agrupación en las que les advierten que deben mantenerse neutrales al informar sobre el conflicto vasco.

Pero los separatistas están perdiendo la guerra propagandística. La decisión de la ETA de atacar a los periodistas es, en cierto modo, reflejo de su fracaso en convencer a la sociedad de la validez de su causa. Muchos vascos anhelan la independencia, pero rechazan los métodos violentos de la ETA.

Las elecciones regionales del 13 de mayo fueron un duro revés para la ETA. Menos del 10 por ciento de los 1,8 millones de votantes de la región apoyaron a Euskal Herritarrok, el partido político más cercano a la ETA. Los partidos nacionalistas de tendencia más moderada, que condenan la violencia de la ETA, ganaron el 43 por ciento de los votos, y los partidos no nacionalistas, 42 por ciento. Las elecciones fueron elogiadas como una victoria sobre el terrorismo y sus partidarios.

La ETA respondió enviándo el paquete bomba a Landaburu.

El autor de este reportaje no puede revelar su identidad por razones de seguridad.




1 de Mayo 2001 8:17 PM ET |

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