A month ago I sat next to a cop, turned on my computer, and opened my blog. The threats were there: "My dear lydia cacho get ready to be found soon with your throat slit, your pretty head will be left outside your apartment if you think you are so brave bye."
• Versión en español
Over a long 18 months, 17 other
journalists have been threatened in my country. Quietly, I go over my security
routines every morning, hoping only that I will not be the one to stain the
numbers with blood this month. Many of my colleagues do the same thing. The
best reporters in the country live every day as if they were covering the war
in Cacho is a prominent Mexican journalist and human rights activist based in Cancún. Among many honors, she received the 2008 UNESCO/Guillermo Cano World Press Freedom Prize.
Cacho, importante reportera Mexicana, describe cómo es vivir amenazada
Hace un mes me senté junto al ciberpolicía abrí mi
computadora y entré a mi Blog. Allí estaban las amenazas: "Mi estimada lydia
cacho prepárate que pronto aparecerás degollada, tu cabeza tan bonita afuera de
tu departamento a ver si eres tan valiente ciao".
Lo que le siguió a la lectura de una serie de
amenazas e insultos similares, fue una recomendación para que me salga de
México. El joven policía es una de mis fuentes, y en este momento, al menos
para mí, uno de los poco confiables del país. Le entrego la descripción de los
hombres armados que han estado vigilando mi casa, de sus autos y placas
sobrepuestas que no corresponden a los vehículos, según la autoridad. Las
evidencias son irrebatibles sin embargo estoy indefensa.
A los largo de dieciocho meses 17 colegas
periodistas han sido asesinados en mi país; en silencio hago mis rutinas de
seguridad cada mañana, simplemente esperando que no sea yo quien manche de
sangre la cifra del mes. Lo mismo hacen muchos de mis colegas, los mejores
reporteros y reportaras del país viven todos los días como si cubrieran la
guerra en Irak, a diferencia de los corresponsales extranjeros que van y
vuelven a un hogar seguro para contar las anécdotas del terror, de lo que les
sucede a los otros, aquí estamos consignando nuestra propia realidad, la de un
país que ha normalizado la violencia a tal grado que vanagloria una guerra
interna sin cuartel, que ha costado la vida de más de diez mil personas.
Un domingo aparecieron 9 decapitados en Tijuana, en
la frontera con Estados Unidos. La decapitación se ha convertido en una
ceremonia ritual de los cárteles y me pregunto quién de los hombres de poder
que he mencionado en mis investigaciones sobre crimen organizado será el autor
de las amenazas de muerte. O acaso el que pagó al sicario que amenaza con
decapitarme. Sé bien que no son ellos, los empresarios y políticos que
lograron evadir la ley y que se han convertido en mis enemigos, no son
criminales callejeros, son tratantes de niñas y usuarios de pornografía
infantil, millonarios con fuertes nexos en la Corte Suprema de México,
intocables para la justicia. Ellos me demandaron por difamación; les gané el
juicio. Yo los demandé por corrupción y tortura; compraron la justicia.
No creo en el heroísmo, he utilizado todos los
recursos legales a mi alcance para defender mi derecho a investigar y revelar
la realidad de mi país; mientras escribo estas líneas estoy resguardada en mi
ciudad, en casa de un colega, mi hogar por el momento no es seguro. Mientras escribo
un libro sobre las redes globales de tratantes, hablo con mis abogados que
están llevando mi caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el
Estado mexicano me ha negado el derecho a la justicia y es la autoridad
quien me ha puesto en verdadero peligro. La impunidad es la mejor aliada de los
delincuentes.
Hace unos días, a media noche, mi vecino me llamó por teléfono para darme aviso, nuevamente un auto estaba afuera de mi apartamento, el sujeto merodeaba y se acercó a la puerta. Nadie se atrevió a salir para saber si estaban armados. A la policía ya nadie la llama, no se sabe si son cómplices y nadie se toma ya el tiempo para averiguarlo. Mientras Barak Obama y Felipe Calderón disfrutan de una tradicional comida mexicana, ambos celebran la libertad en México y la "protección de los derechos humanos". Mientras, en las calles miles de soldados mexicanos entran en los hogares sin órdenes de aprehensión, cientos de mujeres y hombres están encarcelados sin haber tenido un juicio y sin una sola evidencia, 365 periodistas han recibido intimidaciones y 142 hemos sufrido atentados y tortura. Sólo nos quedan los instrumentos internacionales, las medidas cautelares de la Comisión Interamericana y el eventual juicio en esa misma Corte. Para seguir con vida sin huir de la patria, cuando no hay más justicia en la propia tierra, no hay más que seguir de pie para que nos mire el mundo, para recordar a propios y ajenos que la libertad no se gana de rodillas y en silencio.

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I had the distinct honor of meeting Ms. Cacho two years ago when I travled with some fellow editors to Mexico on an ASNE trip. Her luncheon speech to us was the highlight of the trip for me. She's an amazing individual and a helluva journalist.
Please remain ever careful for your personal safety. Too many U.S. journalists have no appreciation for how dangerous it is in Juarez and other places in Mexico.
Respetada Lidia:
Admiro su coraje civil al permanecer en México considerando que todas las semanas hay alguna persona ligada a los medios de comunicación asesinada.
Lamentablemente hay que recurrir a la CIDH y a todas las instancias internacionales que se puedan, pues está visto que el gobierno mexicano ha sido desbordado por organizaciones delictivas que se dedican a la trata (de blancas o de menores) o al narcotráfico.
Lo peor de todo es que el miedo gane a la sociedad mexicana , le digo por experiencia pues soy argentino y si bien no tuve amenazas por mi actividad periodistica o literaria, las tuve por mi militancia en un organismo de defensa de los derechos humanos durante la dictadura.
Y el miedo colectivo se expresa en el "no te metás", "tené cuidado mirá lo que le pasó a X, Y o Z, que desaparecieron" o lo que me telefoneaban cada tanto "Acordate de tu amiga María José (María José Pujadas fue asesinada junto a sus padres y hermanos por un grupo paramilitar de extrema derecha -prohijado por el ejército y la policía- incluso antes de que comenzara la dictadura)que pronto la vas a ver". En fin , para que abundar en detalles que Ud. conoce de sobra. El asunto es no aislarse del pueblo y que este no se deje llevar por las mentiras de siempre.
No es fácil, pero si le sirve de consuelo, cuando desde los organismos de derechos humanos (Familiares de Detenidos y Desaparecidos, el Servicio de Paz y Justicia, la Liga por los Derechos del HOmbre y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, daba la casualidad que estaba en la mesa directiva de esta última) hicimos la primer marcha , no puedo negar que tenía miedo pero había que tragárselo y si bien cuando la policía intentó acorralarnos y qusimos entrar a la Catedral Metropolitana, nos cerraron la puerta en nuestras narices. Pero se juntó tanta gente que la marcha ilegal (pues la ley injusta no obliga) y todo junto más de cinco mil personas y arrojab an papeles y flores .
En fin siga siendo como es una "muñeca brava" con una inmensa ternura .
La saludo fraternalmente desde Córdoba Argentina
Ricardo Gustavo Espeja