Nueva York, 11 de
marzo de 2010—El
Comité de la Protección para los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés)
está alarmado por la reciente ola de violencia del narcotráfico en la ciudad
mexicana de Reynosa, en la frontera con Texas, que pone en peligro a la prensa
y promueve la autocensura. En las últimas dos semanas, varios periodistas
fueron secuestrados y uno de ellos murió en circunstancias poco claras, según
informes de la prensa y entrevistas del CPJ.
“Efectuamos un enérgico llamado a las
autoridades mexicanas para que investiguen en profundidad el secuestro de
reporteros en Reynosa y aseguren que esos crímenes no quedarán impunes”, dijo
Carlos Lauría, coordinador senior del programa de las Américas del CPJ.
“Exhortamos al gobierno del Presidente Felipe Calderón a que proporcione las
garantías necesarias para el ejercicio del periodismo y a que priorice la
protección de la libertad de expresión”.
The Dallas Morning
News informó el lunes que, en episodios aislados,
ocho periodistas mexicanos fueron secuestrados en el área de Reynosa, cerca de
McAllen, Texas. Uno de los reporteros murió, dos fueron liberados y los
restantes continuaban desaparecidos, informó el periódico.
El Morning News y fuentes consultadas por el CPJ identificaron al individuo fallecido
como Jorge Rábago Valdez, conocido periodista de Reynosa. Rábago, periodista
del diario de Reynosa La Prensa y de
las emisoras locales Radio Rey y Reporteros en la Red, murió el 2 de marzo en el
Hospital Christus Muguerza en circunstancias que todavía no han sido aclaradas.
La procuraduría del Estado estableció que la muerte había ocurrido por causas
naturales luego de que Rábago sufriera una embolia y un coma diabético. Varios
periodistas, en cambio, indicaron al CPJ que Rábago había sido salvajemente
golpeado.
La procuraduría negó que Rábago hubiera sido
golpeado. Por su parte, el hospital rechazó los pedidos de información del CPJ
sobre el estado de salud de Rábago. El CPJ está investigando si la muerte de
Rábago estuvo relacionada con su trabajo periodístico.
Solo una de las desapariciones ha sido
confirmada por las autoridades. La procuraduría de Tamaulipas dijo el martes
que Miguel Ángel Domínguez Zamora, reportero del diario de Reynosa El Mañana,
estaba desaparecido desde el primero de marzo. Un miembro de la familia de
Domínguez había denunciado la desaparición ante la procuraduría.
Los informes de prensa y las entrevistas del
CPJ apuntan a varios secuestros más. Dos reporteros del multimedios Milenio,
encargados de cubrir la ola de violencia del narcotráfico en Reynosa, fueron
secuestrados el 3 de marzo y dejados en libertad al día siguiente, según
informes del diario Milenio de la
capital mexicana. Un reportero y un camarógrafo de Milenio Televisión, cuyos
nombres no fueron revelados por cuestiones de seguridad, fueron secuestrados
por hombres armados y fueron obligados a abandonar Reynosa, según Milenio. “El periodismo está muerto en
Reynosa”, escribió en su columna Ciro Gómez Leyva, uno de los editores
jefe.
Una fuente del CPJ señaló el miércoles que
cuatro reporteros de Reynosa habrían sido secuestrados. Uno de ellos trabaja
para el periódico El Mañana, otro
para la publicación de la misma editorial denominada La Tarde, un tercero perteneciente al sitio de noticias en línea MetroNoticias, y un cuarto al diario La Prensa, según la mencionada fuente,
quien accedió a hablar sólo bajo condiciones de anonimato. Empleados de MetroNoticias afirmaron que el
periodista del sitio en línea estaba a salvo, pero, al mismo tiempo, impidieron
contacto alguno con el reportero. Empleados de otros medios también se negaron
a efectuar comentarios al respecto.
Los secuestros denunciados se registraron en
medio de una confrontación violenta entre dos carteles de la droga en la zona
fronteriza cercana a Reynosa, según informes de la prensa. En la mayoría de los
casos, los reporteros dicen que la prensa ha sido advertida de que no debe
informar sobre los actos de violencia.
Las desapariciones de periodistas han generado
gran temor en la prensa local. Las autoridades han brindado poca información y
las organizaciones locales de prensa temen abordar cualquier cosa relacionada
con estos casos. Los periodistas de Reynosa y de las comunidades cercanas a la
frontera con los Estados Unidos indicaron al CPJ que hablar con extraños sobre
estas desapariciones podía acarrear represalias por parte del narcotráfico o la
policía. Los periodistas señalaron al CPJ que ellos consideran que los carteles
están detrás de los secuestros y que la policía corrupta está protegiendo a los
narcotraficantes.
“Mientras el tráfico de drogas, la violencia y
la falta del estado de derecho tengan vigencia”, dijo Lauría, “los medios
mexicanos serán forzados a permanecer en silencio. La autocensura generalizada
está causando un daño severo a la democracia mexicana”.
México es uno de los lugares más peligrosos
para ejercer el periodismo, según una investigación del CPJ. Desde 1992, un
total de 44 periodistas fueron asesinados en México; al menos 19 en represalia por su
trabajo, según investigaciones del CPJ. Otros ocho periodistas han desaparecido desde 2005; muchos de ellos cubrían el crimen
organizado y la corrupción en el gobierno.

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