La violencia
asociada al crimen organizado fomentó una fuerte autocensura, en especial en el
interior del país. Al cubrir temas peligrosos, los periodistas escribieron, en
ocasiones, sin firmar sus artículos, pero aún así muchos fueron atacados y
amenazados. La violencia incesante causó el asesinato de dos periodistas y el
secuestro de un tercero.
Los reporteros
que trabajan en el interior del país no cubrieron temas conflictivos por temor
a represalias, destacó Ileana Alamilla, directora del grupo de prensa local
Centro de Reportes Informativos sobre Guatemala (Cerigua). Según una encuesta
de 2008 realizada por Cerigua en nueve regiones guatemaltecas, los periodistas
locales explicaron que temían informar sobre el narcotráfico, el crimen
organizado, las maras y la
corrupción. Equipos de investigación que trabajan para publicaciones de la
ciudad de Guatemala viajaron ocasionalmente desde la capital para cubrir estos
temas, pero muchas de las notas aparecieron sin firma, confirmó Alamilla.
En la tarde del
12 de mayo, un agresor no identificado disparó y dio muerte a Jorge Mérida
Pérez, corresponsal del diario Prensa
Libre, quien cubría narcotráfico y corrupción en el departamento suroccidental
de Quetzaltenango. El reportero recibió cuatro balazos mientras trabajaba en la
computadora de su hogar en la ciudad de Coatepeque, 130 millas (210 kilómetros)
al sudoeste de la capital, según informes de prensa y fuentes del CPJ. Mérida había
recibido múltiples amenazas las semanas anteriores. Las autoridades a cargo de
la investigación aseveraron que investigaban las posibles vinculaciones entre la
labor periodística de Mérida y su asesinato, aunque no habían podido confirmar
el motivo.
La prensa se vio sacudida
por tres episodios violentos que involucraron a El Periódico de Ciudad de Guatemala. No está claro si el diario fue
blanco de los ataques o si simplemente quedó atrapado en la violencia
generalizada de la capital guatemalteca.
José Rubén
Zamora, presidente de El Periódico,
fue secuestrado cuando salía de un bar en las afueras de la Ciudad de Guatemala
en la madrugada del 20 de agosto, según informes de prensa y fuentes del CPJ. Zamora,
quien recibió en 1995 el Premio Internacional a la Libertad de Prensa del CPJ,
fue hallado inconciente en el vecino departamento de Chimaltenango ocho horas
después, sin su teléfono celular ni su billetera. En octubre, un juez de la
ciudad de Guatemala envió a dos hombres y a una mujer a la cárcel por
acusaciones de secuestro, robo, engaño intencional y conspiración, informó El Periódico. Los acusados sostuvieron
su inocencia, afirmó El Periódico.
Periodistas locales expresaron escepticismo de que los verdaderos responsables
hayan sido condenados ya que Zamora y su familia fueron víctimas de un brutal
ataque en su hogar en 2003. Varios colegas comentaron que Zamora se ha ganado muchos
enemigos como resultado de años de investigar el crimen organizado y la
corrupción.
El día del
secuestro de Zamora, un grupo de hombres no identificados siguió a Oscar
Ismatul, reportero de la unidad de investigación de El Periódico, cuando partía de las oficinas del diario en la Ciudad
de Guatemala, el periodista relató al CPJ. El
Periódico afirmó en una declaración que los hombres habían alcanzado a
Ismatul y le habían advertido: "Cállate y deja de hablar". Los atacantes le
arrebataron el bolso, junto con un apuntador y documentos que usaba para un
artículo, agregó el periodista.
Un diseñador
gráfico que trabajaba en El Periódico,
Abel Girón Morales, murió el 22 de octubre luego de que una flecha impactara en
su corazón, afuera de su hogar en la Ciudad de Guatemala, según informes de prensa
y entrevistas del CPJ. Los testigos citados en El Periódico indicaron que individuos no identificados habían
disparado la flecha desde un vehículo utilitario deportivo negro estacionado
frente al hogar del periodista durante al menos tres horas. Las autoridades informaron
a la prensa que no harían públicas las indagaciones por temor a perjudicar la
investigación.
Periodistas que
cubrieron manifestaciones públicas fueron a menudo blanco de ataques y agresiones
por parte de los manifestantes, según reveló la investigación del CPJ. En
marzo, manifestantes en San Juan de Sacatepéquez, cerca de la Ciudad de
Guatemala, tomaron de rehenes a un grupo de cinco periodistas durante una hora,
golpeándolos con piedras y amenazando con prenderles fuego. Según Cerigua, los
manifestantes protestaban contra una compañía cementera local. Eduardo García,
camarógrafo de la estación nacional de televisión Telecentro 13, recibió un
disparo en la espalda el 9 de abril cuando cubría un enfrentamiento entre
residentes locales y la policía en San Juan de Alotenango, una pequeña ciudad
18 millas (30 kilómetros) al oeste de la Ciudad de Guatemala, según relataron
sus colegas al CPJ. Ese mismo día, los manifestantes también golpearon a María
Teresa López, corresponsal de Prensa
Libre y de la radio Emisoras Unidas, y la obligaron a entregarles su cámara
y su teléfono celular. Un grupo de manifestantes en San Juan de Sacatepéquez
tomó de rehén a José Manuel Patzán, corresponsal local Emisoras Unidas, un mes
después mientras cubría enfrentamientos entre la policía y residentes que
exigían la liberación de un hombre acusado de trata de personas, según informes
de la prensa local.
En un acontecimiento alentador ocurrido en septiembre, el Congreso sancionó, de modo unánime, la Ley de Acceso a la Información Pública que permite a los guatemaltecos solicitar y recibir información sobre instituciones públicas y funcionarios del gobierno. El Presidente Álvaro Colom firmó la ley en octubre y estaba preparada para entrar en vigencia en enero de 2009. Los periodistas locales elogiaron la aprobación de la ley como un paso adelante hacia la transparencia en el gobierno.
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