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MÉXICO
Dos años después del histórico triunfo de
Vicente Fox, que puso término a 75 años de gobierno
unipartidista en México, el país disfruta de un gobierno
más democrático. No obstante, en el 2002 el mandatario
mexicano continuó haciendo frente a urgentes llamados a que
rompiera con el pasado secreto y corrupto de anteriores gobiernos
y promoviera la transparencia y rendición de cuentas al público.
El 30 de abril, en respuesta a la presión recibida por parte
de organizaciones de la sociedad civil y del público en general,
el Congreso en forma unánime sancionó la Ley Federal
de Transparencia y Acceso a la Información Pública
Gubernamental, que Fox firmó en junio. La ley define toda
la información del gobierno como pública y exige a
los organismos estatales que publiquen toda la información
relacionada con sus funciones diarias, por ejemplo presupuestos,
operaciones, personal, salarios, informes internos y la adjudicación
de contratos. La ley otorga a los ciudadanos el derecho de solicitar
información que todavía no se haya hecho pública
y les permite recurrir ante el Instituto Federal para el Acceso
a la Información Pública si un organismo se niega
a entregar información. Si el ciudadano pierde la apelación,
puede plantear un recurso ante los tribunales. La ley también
prohíbe al gobierno retener bajo ningún concepto información
con respecto a los crímenes contra la humanidad o las violaciones
de los derechos humanos.
Los procesamientos penales por difamación siguen afectando
a los periodistas mexicanos. En octubre, un juez dictó una
orden de arresto contra Oscar Cantú Murguía, dueño
y director del diario Norte, de la ciudad de Juárez, y siete
de sus periodistas. Varios meses antes, el ex alcalde Manuel Quevedo
Reyes, quien ahora encabeza una empresa de bienes raíces,
había presentado una demanda por injurias contra Murguía
y sus colegas luego de que el diario publicara una serie de artículos
que daban a entender que funcionarios del gobierno estatal habían
sobrevalorado intencionalmente el terreno que Reyes le vendió
al gobierno estatal. A fines de año, las órdenes de
arresto seguían sin resolverse en un tribunal estatal.
Aunque Fox prometió eliminar «todas las prácticas
que obstaculicen la posibilidad de informarle al público
de un modo abierto y verdadero», investigadores federales
continuaron presionando a los periodistas para que revelaran las
fuentes de información. Desde marzo, seis reporteros del
diario La Jornada, de Ciudad de México, así como el
director de noticias del diario El Universal, han recibido citatorios
para testificar ante los investigadores acerca de las fuentes empleadas
en artículos sobre un escándalo de corrupción
que involucraba a Pemex, la empresa petrolera estatal. El 3 de diciembre,
el Procurador General justificó la investigación,
con el argumento de que no estaba destinada a atacar a los periodistas
sino más bien a castigar a los funcionarios que filtraban
información reservada a los medios.
Los periodistas que cubren zonas de elevada delincuencia —especialmente
cerca de la frontera de los Estados Unidos con México, la
cual está plagada de narcotraficantes—, continúan
enfrentando peligros. Por ejemplo, en enero J. Jesús Blancornelas,
director del semanario Zeta, de Tijuana, recibió un mensaje
por correo electrónico que decía que había
un sicario de la ciudad fronteriza de Mexicali, en el norteño
estado de Baja California, que tenía órdenes de ejecutarlo.
Por muchos años, Blancornelas ha informado acerca del narcotráfico
y la corrupción en la región, y ha recibido numerosas
amenazas por sus reportajes, que han obtenido premios. La amenaza
de enero fue atribuida al cartel de drogas de Tijuana, en ese entonces
encabezado por los hermanos Ramón y Benjamín Arellano
Félix. En noviembre de 1997, los hermanos Arellano Félix
hirieron a Blancornelas en un atentado. Actualmente el periodista
recibe la protección permanente de guardaespaldas de una
unidad de las Fuerzas Especiales del ejército.
Algunos políticos mexicanos han intentado hostigar a periodistas
empleando el sistema judicial de los Estados Unidos. El 9 de enero,
Dolia Estévez, corresponsal del diario mexicano El Financiero
en Washington D.C., recibió una orden emitida por el abogado
de la parte demandante para que entregara materiales relativos a
un artículo suyo publicado en 1999 acerca de la familia mexicana
de los Hank, que ha sido vinculada con el narcotráfico. La
orden exigía la entrega de todos los materiales de investigación
empleados para elaborar el artículo, entre ellos correspondencia
por correo electrónico, grabaciones, calendarios y agendas,
borradores de artículos y listas de contactos en el gobierno
estadounidense. El 19 de marzo, un juez federal de distrito le concedió
a Estévez una petición para anular la orden y observó
que «parece que la información solicitada por la parte
demandante no es más que un intento de echar una red al mar
para ver qué es lo que cae dentro». Los demandantes
apelaron el fallo y se fijó una audiencia para el 21 de febrero
del 2003.
En mayo, un tribunal de apelaciones conformado por tres jueces
sentenció a dos hombres a 13 años de prisión
por el asesinato en 1998 de Philip True, periodista del diario tejano
San Antonio Express-News que fue asesinado mientras trabajaba en
un reportaje sobre los Huicholes, población indígena
que vive en una zona montañosa que se extiende por los estados
de Jalisco, Nayarit y Durango. El fallo unánime anuló
un veredicto de agosto del 2001 que había exonerado de culpa
a los dos hombres. Los abogados de los acusados recurrieron la sentencia
y a fines de año el caso seguía a la espera de una
resolución.
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