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HAITÍ
Mientras el presidente Jean-Bertrand Aristide continúa presionado
por la comunidad internacional y grupos opositores haitianos para
que agilice las reformas políticas y económicas y
resuelva el impasse electoral que ha durado dos años y ha
detenido la entrega de millones de dólares en asistencia,
los asediados medios de prensa haitianos cubrieron atentamente las
noticias a pesar de la inestabilidad política y una economía
en franco deterioro.
Cumplidos ya dos años de su segundo mandato presidencial,
Aristide siguió prometiendo justicia y diálogo ante
los periodistas y los dueños de medios. «Haré
todo lo que esté en mi poder para que los periodistas puedan
hacer su trabajo sin interferencias, y me aseguraré de que
se respeten todas las leyes», el mandatario declaró
a un grupo de periodistas en enero, pero demasiadas veces los actos
del gobierno contradijeron la retórica presidencial.
Los funcionarios judiciales avanzaron muy lentamente en la investigación
de dos sonados casos de asesinato de comunicadores: el de Jean Léopold
Dominique, el periodista radial más crítico de Haití
y quien fue asesinado a balazos por un sujeto no identificado en
abril del 2000; y el de Brignolle Lindor, periodista radial que
fue asesinado por una horda armada con machetes en diciembre del
2001. En el caso de Dominique, el juez de instrucción Claudy
Gassant huyó al estado de Florida en enero luego de que Aristide
no le renovara el mandato judicial para dirigir la investigación
sobre el asesinato. Antes de su partida, Gassant había recibido
varias amenazas y había renunciado en más de una ocasión,
temiendo por su seguridad. El abogado Bernard Saint-Vil reemplazó
a Gassant.
A fines de año, ya interrogadas más de 80 personas
y detenidos seis sospechosos en una investigación sumamente
política, dos sujetos armados asesinaron al guardaespaldas
de la viuda de Dominique, Michèle Montas, afuera de la casa
de Montas, el 25 de diciembre. Montas, quien se hizo cargo de la
radioemisora de su esposo luego de su asesinato y quien ha usado
las ondas radiales para criticar el lento ritmo de la investigación,
señaló que el ataque había sido un atentado
contra su vida.
En el caso del asesinato de Lindor, 10 sujetos pertenecientes a
una «organización popular» conocida como «Dormidos
en el bosque» han sido procesados y dos de ellos han sido
arrestados. (La fecha del juicio aún no se había fijado
a fines del año.) Estas organizaciones populares —llamadas
informalmente chimères (quimeras) en alusión a la
criatura mitológica que respiraba fuego— suelen abarcar
a los partidarios de Aristide, algunos de los cuales han admitido
ser empleados públicos. Las organizaciones populares parecen
ser los obstáculos más visibles y serios para los
periodistas, a quienes han amenazado y hostigado en manifestaciones
callejeras y acusado de «trabajar para la oposición».
Guyler Delva, reportero de diario y secretario general de la Asociación
de Periodistas Haitianos, manifestó que 24 periodistas habían
sido amenazados o agredidos por organizaciones populares en el 2002,
y que 22 de ellos se habían exiliado. Temiendo ataques de
estos grupos, los periodistas que trabajan para medios privados
suelen esconder sus credenciales de prensa. Siete periodistas radiales,
entre ellos el dueño de una emisora, debieron ocultarse luego
de recibir amenazas y de una tentativa de incendio que produjo daños
parciales a la emisora. Los periodistas relataron al CPJ que creen
que la organización popular «Ejército Caníbal»
había atacado la radio por la cobertura que había
dado a una multitudinaria protesta opositora que reclamaba la renuncia
de Aristide.
En Haití, donde más de la mitad de la población
es analfabeta y el precio de un televisor supera el salario anual
promedio, la radio es el medio básico, con más de
200 emisoras en el aire en todo el país. Muchas emisoras
toman posiciones partidistas y transmiten información que
responde a los intereses ya sea del gobierno o la oposición,
que agrupa a los partidos opositores y el sector privado. Los funcionarios
del gobierno suelen criticar a las emisoras de radio privadas cuando
la cobertura informativa no favorece a Fanmi Lavalas, partido gobernante
de Aristide, o al mandatario.
Aunque las radioemisoras critican abiertamente la gestión
de Aristide —y el gobierno cita frecuentemente estas críticas
para responder a acusaciones de que pretende instalar una dictadura—,
en general no aplican el mismo ojo crítico a las organizaciones
cívicas, los partidos opositores y el sector privado, cuya
publicidad paga les permite mantenerse a flote. Algunos periodistas
aceptan sobornos y se ha sabido de otros que han abandonado notas
periodísticas a cambio de dinero. No existe prácticamente
el periodismo investigativo debido a los riesgos que implica.
Aún así, incluso con una infraestructura que se desmorona,
la economía en declive y el legado de la dictadura, Haití
cuenta con una prensa relativamente libre y resistente ?en efecto,
el Cuarto Estado es una de las pocas instituciones del país
que funciona?. A pesar de la pobre remuneración que reciben
en las radioemisoras, los periodistas se esfuerzan por conseguir
las primicias antes que la competencia, y avezados conductores de
programas no tienen ningún reparo en hacerles preguntas difíciles
a funcionarios del gobierno o a diplomáticos extranjeros.
Aunque la radio es el medio dominante, Haití tiene dos grandes
diarios: Le Nouvelliste y Le Matin; y tanto en los Estados Unidos
como en Haití circulan tres semanarios con posiciones partidistas:
el Haïti-Observateur, de derecha, y Haïti Progrès
y Haïti En Marche, de izquierda. Con tres años de vida
cumplidos, el diario Haitian Times, dirigido por el ex reportero
del New York Times Garry Pierre-Pierre y publicado en Nueva York,
trata de cubrir los hechos de actualidad en Haití y en las
comunidades haitianas de los Estados Unidos desde una perspectiva
más equilibrada.
En junio, la coordinadora del programa de las Américas del
CPJ, Marylene Smeets, y los miembros del directorio Franz Allina
y Clarence Page, visitaron Haití con motivo de una misión
de solidaridad que tenía por objetivo reunirse con periodistas
y llamar la atención sobre la escalada de violencia política
que coincidió con recientes ataques a la prensa. Durante
la visita de tres días, la delegación se reunió
con dueños de medios, funcionarios gubernamentales, diplomáticos
extranjeros, asociaciones de prensa locales y periodistas y trató
el caso Dominique y otras inquietudes relativas a la libertad de
prensa, cerrando el viaje con una conferencia de prensa. Al enterarse
del plan del gobierno de crear un código de ética
de vigencia legal para los medios, el CPJ respondió con una
carta dirigida al secretario de Estado para las Comunicaciones,
Mario Dupuy, en la que solicitó detalles de la propuesta
y sugirió un diálogo para garantizar que ninguna medida
sancionada pudiera restringir la libertad de prensa. A finales de
año, no se había tomado ninguna acción legislativa
acerca del código de ética.
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