|
|
|
CHILE
El gobierno del presidente Ricardo Lagos continuó con sus
gestiones, iniciadas en el 2001, para derogar las duras disposiciones
penales relativas a los delitos cometidos a través de la
prensa. En septiembre, el gobierno presentó un proyecto de
ley para modificar varios artículos del Código Penal
y del Código de Justicia Militar que imponen sanciones penales
por «insultar el honor o la dignidad» de las autoridades
del gobierno, los miembros del Congreso, los jueces superiores y
los miembros de las fuerzas armadas. El Congreso aún consideraba
el proyecto de ley hacia fines del 2002.
Una intensa presión internacional ha forzado a Chile a derogar
las anacrónicas disposiciones de «desacato»,
que datan de la época colonial, y a adecuar sus leyes a las
normas internacionales sobre libertad de expresión. Algunos
funcionarios y legisladores chilenos ahora dicen estar preparados
para renunciar a la inmunidad especial frente a las críticas
garantizada en dichas disposiciones. «Estoy totalmente convencido
de que en una democracia, nos corresponde a nosotros aceptar las
críticas», manifestó el diputado Víctor
Barrueto, quien agregó: «Deberíamos dejar atrás
las leyes que pertenecen a países autoritarios».
Sin embargo, debido a que estas leyes aún están vigentes,
los periodistas chilenos siguen siendo vulnerables. En enero, el
comentarista de televisión Eduardo Yáñez fue
acusado de injuriar a la Corte Suprema después de haber dicho
que el sistema judicial de Chile era «inmoral, cobarde y corrupto»
durante un panel de debate en un programa de entrevistas de Chilevisión
llamado «El Termómetro». Yáñez
fue condenado el 15 de enero y apeló la decisión ante
la instancia superior, la que confirmó el dictamen en octubre.
Aun cuando actualmente está libre bajo fianza, el periodista
no puede irse del país sin permiso de las autoridades. Yáñez
podría ser condenado a cinco años de prisión
y una multa, según el Artículo 263 del Código
Penal de Chile. A fines del año pasado, Yáñez
aún se hallaba esperando la sentencia.
Muchas otras leyes restrictivas siguen en vigencia. La ley chilena
permite que el gobierno decida quién es y quién no
es periodista. Y aunque la legislación garantiza el derecho
a proteger las fuentes, limitan ese derecho a los periodistas «reconocidos»,
a los estudiantes de periodismo que realicen una pasantía,
a nuevos graduados en periodismo de universidades acreditadas, directores
de diarios, editores y corresponsales extranjeros. La ley también
detalla que se debe tener un título en periodismo para trabajar
como vocero o periodista en instituciones estatales.
No obstante, algunos acontecimientos positivos han tenido lugar
en el frente legal. En octubre, el congreso aprobó un proyecto
de ley que debilita los poderes que posee el Consejo de Calificación
Cinematográfica para imponer censura previa al cine. El proyecto
de ley restringe la autoridad del Consejo para certificar las películas
por adecuación a determinado grupo de edad y también
elimina la representación policial y militar dentro del Consejo.
Películas que antes estaban prohibidas han sido autorizadas
para ser exhibidas en público.
El 12 de septiembre un grupo de 50 de los más reconocidos
periodistas fundaron una organización pro libertad de prensa
llamada Periodistas por la Libertad de Expresión, con el
objetivo de defender a sus colegas y alertar a los funcionarios
chilenos y a la comunidad internacional sobre cualquier ataque o
abuso en contra de los medios y periodistas. La asociación
acompaña una reciente tendencia en América Latina
—iniciada a mediados de los 90 en Argentina, Colombia y Perú—
que consiste en la unión de los periodistas para defender
la libertad de prensa.
Alejandra Matus, conocida periodista de investigación y
vocera del grupo, explicó al CPJ que sus miembros esperan
«desarrollar una red de información que detecte cualquier
intento de censurar o atacar la libertad de prensa para denunciarlo
públicamente». La misma Matus fue víctima en
1999 de uno de los procesos penales por difamación más
notorios de Chile, cuando su obra de denuncia sobre escándalos
de corrupción en el Poder Judicial, El libro negro de la
justicia chilena, fue prohibida por la tristemente célebre
Ley de Seguridad del Estado de 1958 y un juez emitió una
orden para su arresto.
Matus consiguió asilo político en los Estados Unidos
en 1999 pero retornó a Chile en noviembre del 2001, luego
de que ciertas cláusulas de la ley empleada para acusarla
fueran derogadas y se permitiera que su libro circulara libremente.
Matus interpuso una demanda ante la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos, donde sigue pendiente de resolución.
La Comisión Interamericana tiene la facultad de ordenarle
al gobierno chileno que indemnice a Matus por los daños y
perjuicios ocasionados.
Durante el 2002, siguió siendo problemático el acceso
a la información del gobierno. En junio, después de
que los medios criticaran duramente al Presidente Lagos durante
una visita a una zona del país devastada por una tormenta,
el gobierno decidió que, en los futuros viajes, sólo
dos empresas de medios, elegidas por el mismo Lagos, estarían
autorizadas para acompañarlo. No obstante, como consecuencia
de la crítica generalizada recibida al respecto, la orden
fue revocada. Una situación semejante que involucró
a la Cámara de Diputados, la cámara baja del Congreso,
ocurrió en julio, cuando la prensa informó acerca
de las ausencias frecuentes de los legisladores, casos de nepotismo
y sus negativas a revelar el monto de sus salarios. Como resultado,
la cámara restringió el acceso de los periodistas
a los edificios parlamentarios.
La radio en Chile es muy vehemente en sus opiniones y su programación
tiene fama de ser muy diversa y de alta calidad. Los canales de
televisión estatales y privados a menudo evita cubrir cuestiones
controvertidas, y llenan la mayoría de los programas de noticias
con notas sobre deportes, delitos y espectáculos.
El hecho de que solamente un puñado de empresas —en
particular COPESA y El Mercurio— sean propietarias de medios
impresos asegura la falta de pluralismo y diversidad en los medios.
No obstante, algunos periódicos publicaron historias importantes
en el 2002. Por ejemplo, en un reportaje del diario La Nación,
con sede en Santiago, un ex agente de la Policía Secreta
reveló que durante la dictadura militar de Augusto Pinochet,
él y sus colegas habían sido instruidos sobre cómo
ocultar información acerca de las personas secuestradas en
ese período. Por otra parte, otras dos empresas de medios
impresos, The Clinic y El Periodista, y dos sitios
de noticias de Internet, El Mostrador (www.elmostrador.cl)
y Primera Línea (www.primeralinea.cl),
continúan haciendo grandes progresos con un incisivo periodismo
de investigación.
|